Contrato

octubre 23, 2008

Dos cuerpos

pueden no pertenecerle a sus dueños,

si sus dueños son

otras personas.

Eso lo sabíamos

desde que poco a poco

fuimos hipotecando

nuestras condiciones,

apartando la letra pequeña

y viviendo de los tres meses muertos.

.

Ya te dije ya.

Cada vez que me des mi cuerpo

yo te devuelvo el tuyo.

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Lock & load

octubre 23, 2008

Se estroncha el bastón, te caes pero tirándote de jeta. Y te ríes, desde tu nuevo punto de vista aún arden las ronchitas, pero sabes que se caerán, ¿tú que crees? que todo tiene su final y nada dura para siempre? ¿y los dolores de cabeza de mi madre santa?, ¿cuándo se vence la mala leche de la gente que nació pa ser pobre de mente y de bolsillo?. Disculpa bróder, levanta la cabeza y sacúdete las lagañas.

Nojoda chico, ¿no te acuerdas de la sarrapanda de insultos que aprendiste en una noche? La verdad es que un tipo que huye y uno que se queda no se diferencian tanto como creen. El que se queda huye del camino nuevo. De lo posible improbable y del quiebre en la línea que dibuja el caminito entre la cama y el tv en casa de su mamá. Semerendo idiota.

El peo es que terminan haciéndote sentir más coñoemadre de lo que en realidad eres, dijo Rafa. Pero a veces es mejor quedar como un coñoemadre que como un estúpido. Pana, llegar hasta el punto de que la primera palabra malagradecida es un buenos días… el resto es como un marlboro sin filtro a las 7 de la mañana. No lo fuerces que se rompe. Promete algo que no vas a cumplir. Y no lo cumplas. Una semana sin bañarte es suficiente para que seas más tú. Y después el olorcito en la mano, la palabra subastada al mejor impostor, no me mires a los ojos que te quemo. Pero confía. No queda otra.


Ambidextro

octubre 23, 2008

Al segundo mojito se paró, un tipo que sabe lo que quiere, al frente de todos, cool, relajado, dueño del local, rodeado de gente que no sabe nada de él. Rosa cambiaba los canales con un ritmo sincopado a cada paso de él.

La música estaba allí, reiterada y constante. justificaba el grupo de amigos del momento. Rosa ni de vaina cabía, y lo sabía, Ahora ella era un documental de Chillida o un reportaje de los desaparecidos del cono sur por señal abierta, televisor sin control remoto.

Mientras él come en su cama, no le interesa el documental y lo que quería era bailar. Ella comía algún plato exótico con curry mango tempurizado. Y luego bailaba, sin dar mucho pero haciendo que el más torpe sacara su guaguancó para llevarle el ritmo (mientras pueda) a esas caderas que terminaban al cabo de unas piernas en unos piecitos impecables.

Mientras tanto, él cambiaba canales sin demasiado interés.


Sexta.

octubre 21, 2008

La demencia era un sofá cómodo

para estar.

No te importaban mis platos sucios

ni la capa de tiempo acumulado

sobre nosotros.

Tampoco me importaba tu cinismo

vestido de alguien que te esperaba

más tarde.

Transaríamos con la bajeza

y lo haríamos con altura.

.

Mi deseos seminales

presentían un temblor lento.

Y.

Una represa tibia cedió bajo tu falda

cuando al fin pude

descubrir esas nalgas honestas.

.

Y entonces tiramos.

Tiramos con hambre y sin asco.

Trancao.

Desenfreno.

Uñas.

Pelo.

Pies.

Piernas.

Espalda.

Saliva.

Era todo lo que necesitábamos.

.

Así fue ese viernes.

Porque así fueron muchos viernes

y lunes

y sábados.

Cuando nos cogíamos como nunca

que es lo mismo

que decir

como siempre.

.

Éramos sudor.

Lubricabas litros de placer

y disolvíamos el miedo

de todas las maneras posibles.

.

En algún momento pensé,

ésta,

puede ser la última vez.

Y me consumí entero

en tu sexo.

Sin guardar nada para después.

.

Y entonces, malparida,

me dijiste,

.

¿Vas pendiente de la séptima?


Frontera (tobibani ya neranu)

octubre 20, 2008

Octubre está cerca,

y no tengo nada que ponerme.

Cuando vengas,

que la lluvia de invierno te oculte un poco.


Adiós mapache adiós

octubre 20, 2008

Llegó apenas hace tres días. Roberto, del grupito de la gente de humanidades, y reducirlo a humanidades sería tan mezquino. En humanidades estaban Lucía, Manuel, Lucho, Ramón, Oscar, Roberto por supuesto y los advenedizos del momento. Eso era letras, medios, diseño, biología, era una cuestión de espacio, y decir de humanidades dependía de la finita mayoría del momento. Roberto sólo nos avisó a Lucho y a mí. La idea era viajar a Mérida después de unos días en Caracas con ambiente hogar, vernos acá luego de un fin con su familia, que se quedara en mi casa un par de noches, y armar el destroyer acostumbrado en casa del Ramón el otro fin. Bueno, realmente no el desastre acostumbrado, los años no pasaron en vano ni para Moncho, que vive con su princesa, como la llama desde que los conozco, y su par de retoños, que, como todos los hijos de esa generación, nacieron con el estigma de “saber como es todo”.

Hace cuatro años ya que partí de Mérida, dejando atrás muchas lunas tempranas a las cuatro de la tarde y madrugadas de 24 horas y media, y Roberto y yo siempre llevábamos la cuenta que era lo peor. En Costa Rica está la cosa bróder, créeme, decía, y la luz que brotaba de sus ojos me daba cierta tranquilidad. Cierta belleza filantrópica que nunca tuve y que él me escupía en la cara como sabiendome escéptico, me terminaba avergonzando de mis angostos planes reducidos a terminar mi carrera y buscar “mejores oportunidades de trabajo”, en lo que ” siempre he querido hacer”. Algo que nunca he sabido bien, y que no supera el match point de los 8 meses a lo sumo. – De pana, mira: en Costa Rica no hay ejército!, yo quiero vivir en un país que no tiene ejército, me entiendes? Es la última esperanza de la humanidad, cero guerras, pura playita y turistas, quién coño se va a ir a meter con un país que no tiene ejército?. Yo sonreía y sin averiguar mucho, con eso me bastaba para imaginarme un paraíso caribeño sin muchachos armados de fusiles rondando ese poco de resorts y tipas en bikini, todas buenísimas. Porque esos son los sueños que valen la pena. Y claro, yo sabía que también era Vanessa. Recuerdo la primera vez que habló de Vanessa, apenas llevaba un día conociéndola por internet y conmigo creo que fué el primero con quien habló de ella. Vanessa está chévere. Claro, lo único que he visto de ella, incluso después de los casi dos años de matrimonio con el Rob, fueron las primeras fotos que ella le enviaba a él, fotos controladas, gran angular en picado, una sonrisa infalible y su preparado look de me están tomando un foto. De bolas que está rica. Pero antes de que se fuera, nunca ví a Rob con ella, tan merenguera, tan vestidito de algodón beige o flores y grandes collares, tan pelo larguísimo y encrespado, tan estudiante de hotelería en ese horrible y mayamero resort rosado de palmeras de plástico y toallas blancas, O peor, nunca me la imaginé con un tipo como Roberto. Dj, productor, chef, artista conceptual o niño grande que nunca temió burlarse de los grandes con sus escatológicas instalaciones carentes de asco por nada.

Los viejos de Robert son profesores de la universidad, jubilados, y obvio que todo el día en la casa rumiando, y con el hijo mayor todavía instalado, no les hacía muy felices. Además demasiadas pastillas raras, que al final terminaba consiguiendo con los récipes de su mamá, supongo que tenían razón en joderlo tanto. Es que de pana se pasa. Dígame el día que le dió por pensar que se le había perdido unas metras en la casa. Unas metras. Mínimo tendría 20 años sin jugar, porque yo fuí el último que le quitó, y me consta, sus 50 metras en buena lid. Roberto gateando enpastillao en la casa, la mamá y la hermana con aquella gritería formándole peo y amenazándolo con internarlo, y el bicho cagado de la risa como se cagan de la risa los niños que no les importa regar su mierda por las paredes con las manos crudas… Y siguió gateando por toda la casa, hasta que se quedó dormido debajo de la mesa del comedor y me tuvieron que llamar, porque si no empezaba a partir los elefantes del recibo si se despertaba asustado con esa gritería fresca… Lo recuerdo desnudo, con un paño semiamarrado de sus caderas, arropado de sudor y la cara hacia adentro de él. Cuando me vió empezó a llorar, pero entonces era ese llanto entrecortado de emoción infantil al ver cerca a su mamá que lo viene a buscar ese horrible primer día de escuela. Roberto era un buen tipo. Pero se cansó. Yo también. Y me vine. Y listo, página en blanco y a ver que es lo que es. No me despedí casi de nadie, sólo de Roberto, y el último día que lo ví se había hecho una cresta con jabón azul y pintado de dorado. Que cagada era verlo así. Pero igual, me iba. Cúidese. O su papá y mamá mejor.

Dos años pasan rápido. El bicho en Costa Rica. Instalado. Así es nojoda. Voló alto. Una de limpieza que llaman, cambio de aire. Lo que todos necesitamos para sacudir la comodidad pesada y larga. Y que está trabajando y todo, ya casi no hace música porque parió y está clean, parece que en algún momento un internado en una casa hogar, reclusorio, sanatorio, como le llamen allá, fué parte del guión, y dejó todo pero que ya no era el mismo. Fino. Yo necesitaba ordenar un poco acá adentro antes de vernos. Lo mejor es el presentimiento de conversaciones crudamente reveladoras. Esos eran nuestros buenos reencuentros, y hablar de verdad como cuando sientes que hablan por tí o al revés o al cuadrado, la empatía por kilos. Quizá por eso me dió como una arrecherita trancada cuando le tuve que decir Coño Robert estoy full hoy, saldré burda de tarde, será pa mañana. Y presentí leve desánimo en su Ok hablamos mañana. Al final se fué con Javi, Reinaldo y Sebas. Estos panas son demasiado tranquilos. Viven alquilados todos en una quinta en Los Samanes, y Sebastián era el encargado. La dueña vivía ahí pero encerrada en su cuarto cayéndose a whisky. Divorciada creo que me dijo. Madre jardín y cuartos grandes, y con la tipa borrada en el cuarto todo el día, no habría problemas. Sebas le administraba la bebida que escondía a petición de la señora, en la maleta de su carro. Y ninguno de los tres había tocado droga en su vida. Fino. Yo por mi parte dormí sabroso en mi casa.

No eran todavía las 10 de la mañana cuando llamé a Sebas para cuadrar de una vez el itinerario para el día. Estaba poniendo apenas algo de música mientras ahuyentaba la lluvia mañanera con un negrito hirviendo. Amaneció frío… lo fuimos a despertar, y estaba tieso. Cosas que uno no espera oír a esa hora llegando al trabajo. Se murió de sobredosis. Situaciones que no son procesadas al momento, uno con el buenos días en la boca y te salen con sobredosis. Dejarlo pasar como algo que realmente nunca pasó no funciona. Se peleó con el viejo, y que fué feo, el tiempo realmente no había pasado por él, y despierto y asumido el monstruo, se fué de la casa, despojado de convenciones a caerse a las mismas pastillas que le volvía a robar a su mamá, de la misma gaveta. Se resiente la neurona de que si hubiera pasado algo distinto si se hubiera quedado en mi casa. Una película, un invento, le das vueltas como un rubik mental ¿quizá se hubiese muerto en mi casa?, descolocado por un tropezón del orden natural de los acontecimientos, uno se ríe y se abre paso de nuevo, y quisiera haber estado ahí y explicarle todo esto a Roberto, un precio por el dudoso privilegio de poder sentirlo aún llorando como un niño buscando sus metras. Y no puedes cotejarlo con lo que pasó, y te emputa saberlo, porque aunque la película tiene más probabilidades de ser correcta y exacta, los hechos reales son infinitamente más maleables.


Wishlist

octubre 17, 2008

Me gusta usar medias nuevas

en zapatos viejos.

Me gustan las cosas sencillas.

Un alambrito de una botella de champán.

Un cartoncito doblado.

.

Me gusta y no me gusta

pararme temprano

cuando no es necesasrio.

Me gusta la calle

un lunes en la mañana.

Un tufillo a responsabilidad

y caminar rápido.

Pero me gusta caminar lento

por la avenida las américas

o subir para los chorros

masticando la acera,

limpiar los pulmones

y aspirar la risa del viento.

Me gusta, como ves,

de vez en cuando

coleccionar frases de libros

y usarlas como si fueran mías.

Mis cojones.

.

Me gusta tomar

sin sueño ni borrachera

ni tener que pararla

para no hablar estupideces.

Pero tambien me gusta

decir estupideces

cuando no estoy borracho.

Me gusta, creo,

no cambiar el discurso

a la medida del momento.

Pero me gustaría saber

la puta medida.

Me gustaría escribir sin borrar

a eso me refiero.

Me gustan las mujeres que aprietan fuerte,

un saludo decidido

y no ese chorrito de pus

que es menos saludo que compromiso.

.

Me gusta el frío

blindado por la justa ración de calor.

Y me gusta el primer día

de una sábana recién lavada.

.

Me gusta no tener que fingir

que algo no me gusta

porque no lo puedo tener.

Me gusta conseguirme en la calle

cosas viejas para la casa.

Y hablar con los locos

mientras negociamos un libro mohoso

o un cuadro horrible.

Y me gusta echar el cuento después.

.

Me gusta que se pasen rápido

las ocho de la noche.

Al final del día.

Y me gusta comer con hambre.

Dormir con sueño.

Y cagar con ganas.

.

Me gusta muchísimo

llegar a mi casa

cuando no tengo nada que temer.

Y me gusta dormir contra un cuerpo

que conozco bien.

Y el mal aliento de un buenos días,

sólo después de un buen sexo.

O antes.