Claudine

octubre 30, 2008

“Mientras mis pies me arrastraban lentamente hacia allí,

me preguntaba, ¿por qué mienten las personas?”

Charles Bukowski. La máquina de follar.

Tenía los ojos verdes, una mujer bella, suelta y fresca, venía bajando por la misma calle de mi casa, yo cargaba las monedas justas para comprar pan, el almuerzo de Luis y mío ése domingo. No había mas nadie en la calle, y cuando me hizo una seña con el brazo, me mató. Era conmigo. Dios es grande. Recuerdo su voz: Hola cómo estás, disculpa el abuso, pero ¿no podrías prestarme trescientos bolívares para un pasaje para Ejido? Las monedas sudaban en mis manos, y la panadería, y Luis, y el hambre. Le dije con toda la sinceridad del amor y la verguenza que no podía darle la plata que tenía, pero que si quería, podía comer con nosotros. Pobre mamaguevo. Momento inescuo y de una lentitud viscosa el de su cara de desilusión y gracias no importa. Y mi estómago dispuesto a vomitar luego esos panes miserables por la cagadota que acaba de poner con esa mujer. Cuando terminé de pensar eso, ya estaba recibiendo el pan, y el vuelto. 300 bolivares, pero ella iba como tres cuadras abajo. Bajé corriendo. No estaba, crucé a la izquierda, mis luces bajas por el calor y la arrechera, sin parar de correr ordené la ruta y empecé a buscar por donde podría pasar el bus que ella necesitaba. Dos cuadras a la derecha, abajo otra vez, y allí estaba, caminando. Le toqué el hombro, ella volteó sin asustarse, yo no podía ni hablar, de vaina recuperaba el aire quemado y le balbuceé lo que pasaba. Le dí la plata, se rió. Claudine, se llamaba, y a pesar de la escena que le acababa de regalar, no pudo sino rechazar el almuerzo de nuevo, debía llegar a Ejido en media hora. Me dió una amplia sonrisa y un abrazo. No me atreví a pedirle su número, en una ciudad tan pequeña no hacían falta esas previsiones, y estaba tan seguro de que nos veríamos por ahí a la semana, y era tan agradable pensarlo, que prefería dejarlo de esa manera. Eso fué hace como tres años, unos meses antes de venirme de Mérida. Y fué la última vez que le hablé. Si no estuviera muerta ahora no escribiría sobre ella y no insistiría en reconstruir ése domingo obstinadamente una y otra vez, buscando que éste cuento terminara diferente.


Escríbeme

octubre 24, 2008

Otra noche en vela. Velación. Limpieza. Materia y luz. Salsa y control. Latencia. Purgatorio de malas conductas y los párpados pegados acusan al ladrón del sueño. Se reciclan los ritos al mejor impostor mientras uno escribe y evacúa, excretando ideas flojitas. Escribir se vuelve un eufemismo, y tú lo sabes. Las cosas que leíste antes no eran diferente en el fondo a ésto, la interpretación de una interpretación personal. Porque si no terminas (o empiezas) contando cuentos de otras personas como si fueran de uno. Tú lo dejas, corriges, cortas por acá, pegas esto que le debe quedar fino, pero mosca que no se te olvide la próxima vez que lo cuentes, y al final cambias el comienzo y se te olvida el final y estás contando lo mismo. Reconoces en la poceta pedacitos de pimentón que no comiste pero dale que los nutrientes vienen a mansalva por todos lados. La defensa última es un poco de letras (palabras) desordenadas que imprimes en papel higiénico. Bajas el agua. Y no se van.


Lock & load

octubre 23, 2008

Se estroncha el bastón, te caes pero tirándote de jeta. Y te ríes, desde tu nuevo punto de vista aún arden las ronchitas, pero sabes que se caerán, ¿tú que crees? que todo tiene su final y nada dura para siempre? ¿y los dolores de cabeza de mi madre santa?, ¿cuándo se vence la mala leche de la gente que nació pa ser pobre de mente y de bolsillo?. Disculpa bróder, levanta la cabeza y sacúdete las lagañas.

Nojoda chico, ¿no te acuerdas de la sarrapanda de insultos que aprendiste en una noche? La verdad es que un tipo que huye y uno que se queda no se diferencian tanto como creen. El que se queda huye del camino nuevo. De lo posible improbable y del quiebre en la línea que dibuja el caminito entre la cama y el tv en casa de su mamá. Semerendo idiota.

El peo es que terminan haciéndote sentir más coñoemadre de lo que en realidad eres, dijo Rafa. Pero a veces es mejor quedar como un coñoemadre que como un estúpido. Pana, llegar hasta el punto de que la primera palabra malagradecida es un buenos días… el resto es como un marlboro sin filtro a las 7 de la mañana. No lo fuerces que se rompe. Promete algo que no vas a cumplir. Y no lo cumplas. Una semana sin bañarte es suficiente para que seas más tú. Y después el olorcito en la mano, la palabra subastada al mejor impostor, no me mires a los ojos que te quemo. Pero confía. No queda otra.


Ambidextro

octubre 23, 2008

Al segundo mojito se paró, un tipo que sabe lo que quiere, al frente de todos, cool, relajado, dueño del local, rodeado de gente que no sabe nada de él. Rosa cambiaba los canales con un ritmo sincopado a cada paso de él.

La música estaba allí, reiterada y constante. justificaba el grupo de amigos del momento. Rosa ni de vaina cabía, y lo sabía, Ahora ella era un documental de Chillida o un reportaje de los desaparecidos del cono sur por señal abierta, televisor sin control remoto.

Mientras él come en su cama, no le interesa el documental y lo que quería era bailar. Ella comía algún plato exótico con curry mango tempurizado. Y luego bailaba, sin dar mucho pero haciendo que el más torpe sacara su guaguancó para llevarle el ritmo (mientras pueda) a esas caderas que terminaban al cabo de unas piernas en unos piecitos impecables.

Mientras tanto, él cambiaba canales sin demasiado interés.


Adiós mapache adiós

octubre 20, 2008

Llegó apenas hace tres días. Roberto, del grupito de la gente de humanidades, y reducirlo a humanidades sería tan mezquino. En humanidades estaban Lucía, Manuel, Lucho, Ramón, Oscar, Roberto por supuesto y los advenedizos del momento. Eso era letras, medios, diseño, biología, era una cuestión de espacio, y decir de humanidades dependía de la finita mayoría del momento. Roberto sólo nos avisó a Lucho y a mí. La idea era viajar a Mérida después de unos días en Caracas con ambiente hogar, vernos acá luego de un fin con su familia, que se quedara en mi casa un par de noches, y armar el destroyer acostumbrado en casa del Ramón el otro fin. Bueno, realmente no el desastre acostumbrado, los años no pasaron en vano ni para Moncho, que vive con su princesa, como la llama desde que los conozco, y su par de retoños, que, como todos los hijos de esa generación, nacieron con el estigma de “saber como es todo”.

Hace cuatro años ya que partí de Mérida, dejando atrás muchas lunas tempranas a las cuatro de la tarde y madrugadas de 24 horas y media, y Roberto y yo siempre llevábamos la cuenta que era lo peor. En Costa Rica está la cosa bróder, créeme, decía, y la luz que brotaba de sus ojos me daba cierta tranquilidad. Cierta belleza filantrópica que nunca tuve y que él me escupía en la cara como sabiendome escéptico, me terminaba avergonzando de mis angostos planes reducidos a terminar mi carrera y buscar “mejores oportunidades de trabajo”, en lo que ” siempre he querido hacer”. Algo que nunca he sabido bien, y que no supera el match point de los 8 meses a lo sumo. – De pana, mira: en Costa Rica no hay ejército!, yo quiero vivir en un país que no tiene ejército, me entiendes? Es la última esperanza de la humanidad, cero guerras, pura playita y turistas, quién coño se va a ir a meter con un país que no tiene ejército?. Yo sonreía y sin averiguar mucho, con eso me bastaba para imaginarme un paraíso caribeño sin muchachos armados de fusiles rondando ese poco de resorts y tipas en bikini, todas buenísimas. Porque esos son los sueños que valen la pena. Y claro, yo sabía que también era Vanessa. Recuerdo la primera vez que habló de Vanessa, apenas llevaba un día conociéndola por internet y conmigo creo que fué el primero con quien habló de ella. Vanessa está chévere. Claro, lo único que he visto de ella, incluso después de los casi dos años de matrimonio con el Rob, fueron las primeras fotos que ella le enviaba a él, fotos controladas, gran angular en picado, una sonrisa infalible y su preparado look de me están tomando un foto. De bolas que está rica. Pero antes de que se fuera, nunca ví a Rob con ella, tan merenguera, tan vestidito de algodón beige o flores y grandes collares, tan pelo larguísimo y encrespado, tan estudiante de hotelería en ese horrible y mayamero resort rosado de palmeras de plástico y toallas blancas, O peor, nunca me la imaginé con un tipo como Roberto. Dj, productor, chef, artista conceptual o niño grande que nunca temió burlarse de los grandes con sus escatológicas instalaciones carentes de asco por nada.

Los viejos de Robert son profesores de la universidad, jubilados, y obvio que todo el día en la casa rumiando, y con el hijo mayor todavía instalado, no les hacía muy felices. Además demasiadas pastillas raras, que al final terminaba consiguiendo con los récipes de su mamá, supongo que tenían razón en joderlo tanto. Es que de pana se pasa. Dígame el día que le dió por pensar que se le había perdido unas metras en la casa. Unas metras. Mínimo tendría 20 años sin jugar, porque yo fuí el último que le quitó, y me consta, sus 50 metras en buena lid. Roberto gateando enpastillao en la casa, la mamá y la hermana con aquella gritería formándole peo y amenazándolo con internarlo, y el bicho cagado de la risa como se cagan de la risa los niños que no les importa regar su mierda por las paredes con las manos crudas… Y siguió gateando por toda la casa, hasta que se quedó dormido debajo de la mesa del comedor y me tuvieron que llamar, porque si no empezaba a partir los elefantes del recibo si se despertaba asustado con esa gritería fresca… Lo recuerdo desnudo, con un paño semiamarrado de sus caderas, arropado de sudor y la cara hacia adentro de él. Cuando me vió empezó a llorar, pero entonces era ese llanto entrecortado de emoción infantil al ver cerca a su mamá que lo viene a buscar ese horrible primer día de escuela. Roberto era un buen tipo. Pero se cansó. Yo también. Y me vine. Y listo, página en blanco y a ver que es lo que es. No me despedí casi de nadie, sólo de Roberto, y el último día que lo ví se había hecho una cresta con jabón azul y pintado de dorado. Que cagada era verlo así. Pero igual, me iba. Cúidese. O su papá y mamá mejor.

Dos años pasan rápido. El bicho en Costa Rica. Instalado. Así es nojoda. Voló alto. Una de limpieza que llaman, cambio de aire. Lo que todos necesitamos para sacudir la comodidad pesada y larga. Y que está trabajando y todo, ya casi no hace música porque parió y está clean, parece que en algún momento un internado en una casa hogar, reclusorio, sanatorio, como le llamen allá, fué parte del guión, y dejó todo pero que ya no era el mismo. Fino. Yo necesitaba ordenar un poco acá adentro antes de vernos. Lo mejor es el presentimiento de conversaciones crudamente reveladoras. Esos eran nuestros buenos reencuentros, y hablar de verdad como cuando sientes que hablan por tí o al revés o al cuadrado, la empatía por kilos. Quizá por eso me dió como una arrecherita trancada cuando le tuve que decir Coño Robert estoy full hoy, saldré burda de tarde, será pa mañana. Y presentí leve desánimo en su Ok hablamos mañana. Al final se fué con Javi, Reinaldo y Sebas. Estos panas son demasiado tranquilos. Viven alquilados todos en una quinta en Los Samanes, y Sebastián era el encargado. La dueña vivía ahí pero encerrada en su cuarto cayéndose a whisky. Divorciada creo que me dijo. Madre jardín y cuartos grandes, y con la tipa borrada en el cuarto todo el día, no habría problemas. Sebas le administraba la bebida que escondía a petición de la señora, en la maleta de su carro. Y ninguno de los tres había tocado droga en su vida. Fino. Yo por mi parte dormí sabroso en mi casa.

No eran todavía las 10 de la mañana cuando llamé a Sebas para cuadrar de una vez el itinerario para el día. Estaba poniendo apenas algo de música mientras ahuyentaba la lluvia mañanera con un negrito hirviendo. Amaneció frío… lo fuimos a despertar, y estaba tieso. Cosas que uno no espera oír a esa hora llegando al trabajo. Se murió de sobredosis. Situaciones que no son procesadas al momento, uno con el buenos días en la boca y te salen con sobredosis. Dejarlo pasar como algo que realmente nunca pasó no funciona. Se peleó con el viejo, y que fué feo, el tiempo realmente no había pasado por él, y despierto y asumido el monstruo, se fué de la casa, despojado de convenciones a caerse a las mismas pastillas que le volvía a robar a su mamá, de la misma gaveta. Se resiente la neurona de que si hubiera pasado algo distinto si se hubiera quedado en mi casa. Una película, un invento, le das vueltas como un rubik mental ¿quizá se hubiese muerto en mi casa?, descolocado por un tropezón del orden natural de los acontecimientos, uno se ríe y se abre paso de nuevo, y quisiera haber estado ahí y explicarle todo esto a Roberto, un precio por el dudoso privilegio de poder sentirlo aún llorando como un niño buscando sus metras. Y no puedes cotejarlo con lo que pasó, y te emputa saberlo, porque aunque la película tiene más probabilidades de ser correcta y exacta, los hechos reales son infinitamente más maleables.


Mientras tanto

octubre 15, 2008

It is a rainy day. Comienzas en presente, a partir de donde estás. Sin compromisos con el pasado. Tu casa se cae a pedazos, y tu en medio de ella, una olla podrida de pasta, de hace ocho días. los platos tienen más, y hablo de presente. Un mango que compré para una ensalada y dos vestidos extraviados, la nutella está al lado del teclado desde el día en que ya no se lo comería más. El pasado se repite día a día, y ella dice que deje el drama, yo me merezco una mujer mejor, dijo también, la claridad de pensamiento no ha sido mi fuerte por esta época del año. No termina de anochecer, ese ratico entre seis y ocho de la noche parece no tener fin. Sigamos haciendo inventario para ver que es lo que pasa, a ver si el asco me termina de levantar de éste, mi trono. Donde no le debo nada a nadie. Un plato de comida que tengo que sacar de abajo de la cama, cementerio de pasiones, que ahora cojea de una pata, y amenaza con hundirse con el resto de la tripulación de hormigas que empiezan a poblar mi entorno, deje el drama, me dijo, y mierda, una cama sin una pata es un drama, una tarde en la que amanece para la hora en que decides levantarte, a las cuatro de la tarde, lloviendo y se te mojan los sueños, la mata del rincón que ha sido olvidada y flaquea sobre el sofá que no he vuelto a usar son todos dramas. Baño el dolor con ron y no termino de arrancar, la carne está podrida, esperando que se la coman.

El pasado es como un perro fiel que no te puedes sacar de encima y te sigue, meneándo la cola, alimentándose de tí, que no le niegas migajas de preocupaciones y esperanzas. It is a rainy day, y de repente ya no, pero el agua sigue chorreando mi cama rota. Y ella, ríe tapándose la boca en su cama, con olores que presiento iguales que ayer, y el perro le ladra, pero ella aprendió a no escucharlo.

Acá, mientras tanto, el cilantro se mantiene tan fresco como el día que lo compramos.


Al Clima

octubre 13, 2008

Eran como las once, apenas venía llegando, era flaquito, arregladito, cada cabello pintado bien peinado en su sitio, su camisa con un mensaje clever era tan perfecta para la ocasión que el resto de nosotros no eramos más que un puñado de gente normal y simplona, cargaba el bluyincito de moda, los zapatos comprados por internet, nos sentíamos bien criticándolo, venía con sus amigos, todos impecablemente desarreglados como él. Nunca confíes en un tipo que usa lentes oscuros de noche, me dijo Gustavo, mientras revolvíamos nuestros rones algo pasados de limón en la parte de afuera del local. Nos reímos y seguimos bebiendo y hablando de lo inocentemente troglodita que era nuestro amigo Andrés.

-Jajajaja, el bicho se pica todo, y no se da cuenta que uno lo está jodiendo, si es marico, hasta chavistas creerá que somos cuando le llevamos la contraria.

– Sí, y te da con el dedo así, mira, mira, oye, en el hombro, sabes? No hay nada más insoportable que alguien te puye con el dedo mientras te está hablando.

-Y lo peor es que podemos estar hablando sólo los dos, y sigue con el dedo, como si te estuviera llamando.

-Viste el flaquito ése que pasó? seguro es vocalista de una bandita ánder – A Gustavo le encantaba pronunciar la palabra underground, “ándergraun” con acento en la a, o peor, reducirla a “ánder”. Eso le hacía parecer, o al menos eso creía él, más ducho en inglés, bandas de rock y pendejadas de tendencias.

-Si, seguro pasaron media hora frente al espejo combinándose.

-No no no, peor, todos juntos combinándose la ropa entre ellos, jajajaja.

-Seeee..

-Y seguro van todos a la misma peluquería, de su amigo gay Carlos.

-Cual Carlos?

– No importa, todos los Carlos son maricos.

-Jajajajaja César tu si inventas güevonadas. Chamo no se lo digas a Carlitos pepo porque se arrecha.

-Naaa, ése es marico también, jajajjaja.

La gente miraba a una tipa con una falda cortísima, pero cortísima de verdad, era imposible no pensar en cogérsela, pero mal. Había un grupito con ella, todas arregladitas, una legión de Verónicas, Victorias, Mafer y Camilas, todas exhumando tarjetas doradas llenas de deudas y seguro hablando del concierto de Jorge Drexler. Le había dicho a Gus que el hombre suele pagar como cien veces por un polvo más de lo que vale. Yo no, nunca había estado con una puta pero la última mujer con la que tiré de verdad me lo cobraba con eso que llaman detalles, te podría sacar la cuenta pero, ni fue una puta, ni fue más de cien veces su valor.

Llegó Andrés con Dani, con un trago de whisky en la mano, venían jalados, se le veía en la cara, y más tarde lo corroboraría en las fotos que nos tomaríamos todos cagados de la risa.

-Ussssssss… Viste esa jevita de faldita blanca?

-De bolas- dije- Pero mis cartuchos no los voy a botar en esa tipa, viste las amiguitas, noooo, que va compadre.

-Yo la conozco, lo que pasa es que no se acuerda de mí, jejejejeje. -dijo Andrés- Acto seguido se sonó la nariz hacia adentro sin asco, nadie se dió cuenta que era por los pases, solo yo, y volví a ver a la caraja de la faldita que salía hablando en su celular oligarca.

Había llovido toda la noche, quizá por eso el local todavía estaba vacío, aunque hubiera escampado antes que llegáramos y ya fueran pasada la una, además no era quincena todavía. De todas maneras era raro, eso siempre está full. Revisé mi bolsillo para sacar la tarjeta, no uso cartera desde la última vez que me la robaron, es mentira que lo más valioso es la cédula, son ese poco de mariqueritas que tienes ahí, teléfonos, dibujitos, recuerdos, calcomanías pegadas y gastadas, toda esa basura que significa algo para tí y que no te dan en la misión identidad. Ahí estaba la tarjeta, con las puntas enchavadas y con poquita plata, iba a tener que pedir prestado seguro más tarde, pero, despues del quinto ron uno no debe pensar en esas estupideces. Llamé a Andrés y disimuladamente le dije que me invitara uno.

Plasssss. Reseteé un poco de fantasmas que empezaban a llegar desde que llegó la carajita de la falda, y salimos bailando con nuestros rones recargados y cigarros nuevos. Afuera estaba el rockerito del peinado imposible, rascado y abrazando a la caraja de faldita, sobándole la cintura por encima de su franelita transparente. Y sentí un fuerte impulso de darle una patada en la espalda, como si estuviera abriendo una puerta al estilo hollywood. Andrés empieza de nuevo.

-Que? esa jevita con el mamaguevo ése?

-Ajá. Ahora me vas a decir que lo conoces también? – dije. No, tú conoces a todo el mundo aquí en Caracas. Jajajajajaja.

-De booooolas papá! ese es el de Versus. Se las da de sensible y siempre se corona a las tipas mas explotadas.

– Y bueno, háblame, que vamos a hacer?. Pero Andrés era pura labia, y con los pases se pone mas diablo. Además el rockstar estaba hablando con un amigo de Gustavo, y Gustavo me veía y lo señalaba por atrás y se reía.

Seguimos hablando todos, ya después que la parejita se fueran adentro otra vez, Gustavo y Dani estaban enfrascados en una absurda discusión sobre los misiles que había comprado el gobierno, y Andrés me entretenía con sus historias imposibles. También estaban Adry, la gorda y Gabo, pero hablaban de trabajo, así que estaban vetados de nuestra conversa, tomamos foticos, nos reímos de la gente que estaba y los que no también. Andrés seguía enfrascado con la de la faldita, decía que el flaco realmente era patético, o quizás era envidia porque estaba con esa mujer, la ví mejor, seguro era su quinto novio en seis meses, sólo esperaba aburrirse de él antes de irse con otro, de todas maneras, no parecía la clase de mujer que se acostaría con un contador o un militar, eso hizo que se ganara cierto respeto de mi parte. Sus amiguitas en la barra seguro nos habían visto y desechado, no sin antes hacer algun comentario despectivo y burlarse, al rato las vería vomitando en el baño y cayéndose a pases en la barra, pero a esa hora todavía eran estudiantes de comunicación en la católica, amiguis, hijas de nosequiencito y novias de algun tipo con apellido. Putas.

Estuve un rato mandándole mensajes a Mariela. A esa hora solo quería un polvo fácil con el que no tuviera que hablar antes, y, Mariela era ese tipo de mujer, aunque tuviera meses sin verla, tiraríamos sin compromiso, sin porqués, sin te llamo mañana, sin ni siquiera tener que contarle lo que hice los últimos meses. Ya estaba borracho, y nadie en ese local me tomaría en serio. Me paré. Fui por otro ron y otro pase. Estaban asquerosos, cuando salí del baño una de las Verónicas de la barra me pidió que le regalara uno. Me le reí en la cara, me sequé el sudor y salí bailando de nuevo. Sonó el celular. Era Mariela.

-Aló César? y ese milagro que me escribiste?

-Nada, para ver que estabas haciendo. Saliste hoy o que? – De fondo se oía una musiquita y un gentío, así que la respuesta era la esperada.

-Sí. Pero ya casi me voy para la casa, tú que haces?

-Aquí, en la casa del vino, tomando roncitos con panas del trabajo, dónde estás pa caerte?

-Tu eres una vaina seria… jeje… Estoy en 205, cerca… vienes?

-Claro, espérame ahí.

A esa hora todos eramos perdedores. El chamo de la barra que le tocaría limpiar los baños, Andrés que no consiguió nada esa noche, y al final no conocía a la tipa de faldita, que se iba con su celular oligarca y sus amigas vaporosas, vomitadas y resentidas, Gustavo que ya no se reía tanto, el flaquito de los lentes, que se iba con sus amigos de la banda en su carro a todo volumen a matarse en un semáforo, y yo, que le pedía plata prestada para el taxi a Dani. Uno se siente más solo cuando está en compañía de gente que no sabe lo que uno está pensando. Ellos no sabían que la jevita de la faldita se llamaba Carla, ni que había sido mi novia hasta hace días. Ella seguro me vió, pero tuvo la decencia de no saludarme, hubiera sido de mal gusto. Tomé mi chaqueta, agarré el primer taxi destartalado y pirata que pasó para que me cobrara menos, y me fuí a 205.

-Hola señorita Mariela… tiempo sin verla, dije con una falsa voz de galán, disimulando los rones.

-Epa desaparecido. Andas solo?

-Como la una. – No quise dar lástima, pero la respuesta bien podría haber sido un ” no me estas viendo?” o ” claro”. Uno se traiciona sin querer. Y el ron no ayuda.

No pasaron mas de cinco minutos cuando se despidió de una gente estúpida con la que andaba y de una entramos en el carro. Fuimos a su casa, todo olía rico, mucho estilo, los libros de arte conceptual, los disquitos de jazz, todo en su sitio. Entré directo al baño, mientras orinaba con los ojos cerrados me dí cuenta que no hablamos nada de venida. Excelente. Cuando salí, ella se masturbaba mirándome con cara de ninfómana. Yo moqueaba. No soportaba su olor. Aunque antes me excitaba, ahorita me daba asco. Pasé a la cocina. Tomé una botella de anís que vi al entrar y le dí dos tragos largos. Mé quité la ropa ahí mismo y entré con la botella al cuarto. Seguía masturbándose, me hizo un gesto interrogatorio con la cara y me dijo ” Ven”. Obviamente tiramos. Como siempre. De vez en cuando tomaba un trago y seguía. No tenía muchas ganas. Ella sí, y gritaba y brincaba como una loca. Tan linda. No tenía por qué disimular. Yo era un desastre esa noche. Cuando por fin acabé, me dormí de inmediato.

Me desperté con un ratón asesino y el olorcito insistía en repugnarme. Ella hacía desayuno. No había sido un sueño. Fuí al baño a vomitar.

Revisé mi chaqueta. No me quedaba nada de plata. En mi celular tenía como diez mensajes de Carla. Los borré sin leerlos.

-Puedes estar pendiente de las arepas mientras me voy a bañar? el café ya está listo -dijo sin verme, y entró al baño.

Agarré un sencillo que había en la mesita al lado de la cama sin hacer bulla. Al pasar por el espejo lleno de postalitas japonesas, me ví la cara, y limpié un poco de vómito que tenía pegado en la barba. Esperé a que abriera la regadera. Salí por la puerta principal. Sentí las lágrimas arrastrándose como gargajos pesados e inanimados, sin piernas. Estaba loco. Definitivamente tenía que estar loco.