Cuenta

noviembre 6, 2008

cuenta

Ahí está.
Ya he contado hasta diez.
Diez.

Días
.
Semanas
.

Veo desde mi cama.
Una colilla
.
Dos colillas.
Algo

de ceniza en la mesa.

Oigo un perro
en la calle.

Una perra

dos perros.

Uno

suena grande.
Otro con miedo
.
Son dos

o tres

perros.

Otro sábado.
Otro domingo.

Mi computadora.
Está en stand by.
y yo.

Reducido a contar

perros.

A veces
uno cree que es importante
contar
éstas cosas.


Carta vieja a I.

octubre 28, 2008

Épale señorita de desternillante y alocada felicidad zen. Anoche estuve hasta las dos de la mañana haciendo dibujitos con la mano izquierda, algunos son buenos, otros no tanto, (según la escala oportunista de turno). Soy un mejor tipo (risas grabadas) sinceramente desde que me entregué al ambidextrismo o ambidiestrismo, pero decir ambidiestro es como injusto pa la izquierda y hasta creo que no se dice así, ojalá en algun momento termináramos ambisiniestros, o reconocer que no es ambi nada, sino que ya no eres diestro sino diesiniestro o algo que no suene tan feo (según la misma escala estúpida de arriba)

La cosa es (y por la que abro el correo por como lo abro) que no pense que fuera a escribir un mail para ti tan incoherente, alrededor de algo tan imporante para mí en la vida en éste momento como eso, la zurda, de hecho, a buena parte de mi vida le gustaría apoyarse en la zurda.

Ahora, escribir es otro peo, quizá escribir al revés, pero lo que hago es escribir de derecha a izquierda, igual con la clásica derecha, como escribe el diablo, es casi lo mismo, pero supongo que ayuda también… porque con la izquierda es desesperante, como lo de tocar un instrumento musical para alguien vruto en eso como yo.

Por cierto.

Apenas me empezaste a decir lo de los dedos empecé a hacerlo

La cagada de risa de dos líneas después… “te pones a que tus dedos, a los que has enumerado como 1 , 2, 3, 4, 5 en orden de aparición”… bueno, no es que sea la mejor tripa de mi vida,

pero,

no soy ambi-cioso en eso.

Me sabe

Por eso, te hice un dibujito con la mano izquierda, en el interludio de ambos correos (éste y el tuyo, el de la vaina de los dedos), correos ambivalentes ambizarros.

Abrazo siniestro.

L.


Escríbeme

octubre 24, 2008

Otra noche en vela. Velación. Limpieza. Materia y luz. Salsa y control. Latencia. Purgatorio de malas conductas y los párpados pegados acusan al ladrón del sueño. Se reciclan los ritos al mejor impostor mientras uno escribe y evacúa, excretando ideas flojitas. Escribir se vuelve un eufemismo, y tú lo sabes. Las cosas que leíste antes no eran diferente en el fondo a ésto, la interpretación de una interpretación personal. Porque si no terminas (o empiezas) contando cuentos de otras personas como si fueran de uno. Tú lo dejas, corriges, cortas por acá, pegas esto que le debe quedar fino, pero mosca que no se te olvide la próxima vez que lo cuentes, y al final cambias el comienzo y se te olvida el final y estás contando lo mismo. Reconoces en la poceta pedacitos de pimentón que no comiste pero dale que los nutrientes vienen a mansalva por todos lados. La defensa última es un poco de letras (palabras) desordenadas que imprimes en papel higiénico. Bajas el agua. Y no se van.


Al Clima

octubre 13, 2008

Eran como las once, apenas venía llegando, era flaquito, arregladito, cada cabello pintado bien peinado en su sitio, su camisa con un mensaje clever era tan perfecta para la ocasión que el resto de nosotros no eramos más que un puñado de gente normal y simplona, cargaba el bluyincito de moda, los zapatos comprados por internet, nos sentíamos bien criticándolo, venía con sus amigos, todos impecablemente desarreglados como él. Nunca confíes en un tipo que usa lentes oscuros de noche, me dijo Gustavo, mientras revolvíamos nuestros rones algo pasados de limón en la parte de afuera del local. Nos reímos y seguimos bebiendo y hablando de lo inocentemente troglodita que era nuestro amigo Andrés.

-Jajajaja, el bicho se pica todo, y no se da cuenta que uno lo está jodiendo, si es marico, hasta chavistas creerá que somos cuando le llevamos la contraria.

– Sí, y te da con el dedo así, mira, mira, oye, en el hombro, sabes? No hay nada más insoportable que alguien te puye con el dedo mientras te está hablando.

-Y lo peor es que podemos estar hablando sólo los dos, y sigue con el dedo, como si te estuviera llamando.

-Viste el flaquito ése que pasó? seguro es vocalista de una bandita ánder – A Gustavo le encantaba pronunciar la palabra underground, “ándergraun” con acento en la a, o peor, reducirla a “ánder”. Eso le hacía parecer, o al menos eso creía él, más ducho en inglés, bandas de rock y pendejadas de tendencias.

-Si, seguro pasaron media hora frente al espejo combinándose.

-No no no, peor, todos juntos combinándose la ropa entre ellos, jajajaja.

-Seeee..

-Y seguro van todos a la misma peluquería, de su amigo gay Carlos.

-Cual Carlos?

– No importa, todos los Carlos son maricos.

-Jajajajaja César tu si inventas güevonadas. Chamo no se lo digas a Carlitos pepo porque se arrecha.

-Naaa, ése es marico también, jajajjaja.

La gente miraba a una tipa con una falda cortísima, pero cortísima de verdad, era imposible no pensar en cogérsela, pero mal. Había un grupito con ella, todas arregladitas, una legión de Verónicas, Victorias, Mafer y Camilas, todas exhumando tarjetas doradas llenas de deudas y seguro hablando del concierto de Jorge Drexler. Le había dicho a Gus que el hombre suele pagar como cien veces por un polvo más de lo que vale. Yo no, nunca había estado con una puta pero la última mujer con la que tiré de verdad me lo cobraba con eso que llaman detalles, te podría sacar la cuenta pero, ni fue una puta, ni fue más de cien veces su valor.

Llegó Andrés con Dani, con un trago de whisky en la mano, venían jalados, se le veía en la cara, y más tarde lo corroboraría en las fotos que nos tomaríamos todos cagados de la risa.

-Ussssssss… Viste esa jevita de faldita blanca?

-De bolas- dije- Pero mis cartuchos no los voy a botar en esa tipa, viste las amiguitas, noooo, que va compadre.

-Yo la conozco, lo que pasa es que no se acuerda de mí, jejejejeje. -dijo Andrés- Acto seguido se sonó la nariz hacia adentro sin asco, nadie se dió cuenta que era por los pases, solo yo, y volví a ver a la caraja de la faldita que salía hablando en su celular oligarca.

Había llovido toda la noche, quizá por eso el local todavía estaba vacío, aunque hubiera escampado antes que llegáramos y ya fueran pasada la una, además no era quincena todavía. De todas maneras era raro, eso siempre está full. Revisé mi bolsillo para sacar la tarjeta, no uso cartera desde la última vez que me la robaron, es mentira que lo más valioso es la cédula, son ese poco de mariqueritas que tienes ahí, teléfonos, dibujitos, recuerdos, calcomanías pegadas y gastadas, toda esa basura que significa algo para tí y que no te dan en la misión identidad. Ahí estaba la tarjeta, con las puntas enchavadas y con poquita plata, iba a tener que pedir prestado seguro más tarde, pero, despues del quinto ron uno no debe pensar en esas estupideces. Llamé a Andrés y disimuladamente le dije que me invitara uno.

Plasssss. Reseteé un poco de fantasmas que empezaban a llegar desde que llegó la carajita de la falda, y salimos bailando con nuestros rones recargados y cigarros nuevos. Afuera estaba el rockerito del peinado imposible, rascado y abrazando a la caraja de faldita, sobándole la cintura por encima de su franelita transparente. Y sentí un fuerte impulso de darle una patada en la espalda, como si estuviera abriendo una puerta al estilo hollywood. Andrés empieza de nuevo.

-Que? esa jevita con el mamaguevo ése?

-Ajá. Ahora me vas a decir que lo conoces también? – dije. No, tú conoces a todo el mundo aquí en Caracas. Jajajajajaja.

-De booooolas papá! ese es el de Versus. Se las da de sensible y siempre se corona a las tipas mas explotadas.

– Y bueno, háblame, que vamos a hacer?. Pero Andrés era pura labia, y con los pases se pone mas diablo. Además el rockstar estaba hablando con un amigo de Gustavo, y Gustavo me veía y lo señalaba por atrás y se reía.

Seguimos hablando todos, ya después que la parejita se fueran adentro otra vez, Gustavo y Dani estaban enfrascados en una absurda discusión sobre los misiles que había comprado el gobierno, y Andrés me entretenía con sus historias imposibles. También estaban Adry, la gorda y Gabo, pero hablaban de trabajo, así que estaban vetados de nuestra conversa, tomamos foticos, nos reímos de la gente que estaba y los que no también. Andrés seguía enfrascado con la de la faldita, decía que el flaco realmente era patético, o quizás era envidia porque estaba con esa mujer, la ví mejor, seguro era su quinto novio en seis meses, sólo esperaba aburrirse de él antes de irse con otro, de todas maneras, no parecía la clase de mujer que se acostaría con un contador o un militar, eso hizo que se ganara cierto respeto de mi parte. Sus amiguitas en la barra seguro nos habían visto y desechado, no sin antes hacer algun comentario despectivo y burlarse, al rato las vería vomitando en el baño y cayéndose a pases en la barra, pero a esa hora todavía eran estudiantes de comunicación en la católica, amiguis, hijas de nosequiencito y novias de algun tipo con apellido. Putas.

Estuve un rato mandándole mensajes a Mariela. A esa hora solo quería un polvo fácil con el que no tuviera que hablar antes, y, Mariela era ese tipo de mujer, aunque tuviera meses sin verla, tiraríamos sin compromiso, sin porqués, sin te llamo mañana, sin ni siquiera tener que contarle lo que hice los últimos meses. Ya estaba borracho, y nadie en ese local me tomaría en serio. Me paré. Fui por otro ron y otro pase. Estaban asquerosos, cuando salí del baño una de las Verónicas de la barra me pidió que le regalara uno. Me le reí en la cara, me sequé el sudor y salí bailando de nuevo. Sonó el celular. Era Mariela.

-Aló César? y ese milagro que me escribiste?

-Nada, para ver que estabas haciendo. Saliste hoy o que? – De fondo se oía una musiquita y un gentío, así que la respuesta era la esperada.

-Sí. Pero ya casi me voy para la casa, tú que haces?

-Aquí, en la casa del vino, tomando roncitos con panas del trabajo, dónde estás pa caerte?

-Tu eres una vaina seria… jeje… Estoy en 205, cerca… vienes?

-Claro, espérame ahí.

A esa hora todos eramos perdedores. El chamo de la barra que le tocaría limpiar los baños, Andrés que no consiguió nada esa noche, y al final no conocía a la tipa de faldita, que se iba con su celular oligarca y sus amigas vaporosas, vomitadas y resentidas, Gustavo que ya no se reía tanto, el flaquito de los lentes, que se iba con sus amigos de la banda en su carro a todo volumen a matarse en un semáforo, y yo, que le pedía plata prestada para el taxi a Dani. Uno se siente más solo cuando está en compañía de gente que no sabe lo que uno está pensando. Ellos no sabían que la jevita de la faldita se llamaba Carla, ni que había sido mi novia hasta hace días. Ella seguro me vió, pero tuvo la decencia de no saludarme, hubiera sido de mal gusto. Tomé mi chaqueta, agarré el primer taxi destartalado y pirata que pasó para que me cobrara menos, y me fuí a 205.

-Hola señorita Mariela… tiempo sin verla, dije con una falsa voz de galán, disimulando los rones.

-Epa desaparecido. Andas solo?

-Como la una. – No quise dar lástima, pero la respuesta bien podría haber sido un ” no me estas viendo?” o ” claro”. Uno se traiciona sin querer. Y el ron no ayuda.

No pasaron mas de cinco minutos cuando se despidió de una gente estúpida con la que andaba y de una entramos en el carro. Fuimos a su casa, todo olía rico, mucho estilo, los libros de arte conceptual, los disquitos de jazz, todo en su sitio. Entré directo al baño, mientras orinaba con los ojos cerrados me dí cuenta que no hablamos nada de venida. Excelente. Cuando salí, ella se masturbaba mirándome con cara de ninfómana. Yo moqueaba. No soportaba su olor. Aunque antes me excitaba, ahorita me daba asco. Pasé a la cocina. Tomé una botella de anís que vi al entrar y le dí dos tragos largos. Mé quité la ropa ahí mismo y entré con la botella al cuarto. Seguía masturbándose, me hizo un gesto interrogatorio con la cara y me dijo ” Ven”. Obviamente tiramos. Como siempre. De vez en cuando tomaba un trago y seguía. No tenía muchas ganas. Ella sí, y gritaba y brincaba como una loca. Tan linda. No tenía por qué disimular. Yo era un desastre esa noche. Cuando por fin acabé, me dormí de inmediato.

Me desperté con un ratón asesino y el olorcito insistía en repugnarme. Ella hacía desayuno. No había sido un sueño. Fuí al baño a vomitar.

Revisé mi chaqueta. No me quedaba nada de plata. En mi celular tenía como diez mensajes de Carla. Los borré sin leerlos.

-Puedes estar pendiente de las arepas mientras me voy a bañar? el café ya está listo -dijo sin verme, y entró al baño.

Agarré un sencillo que había en la mesita al lado de la cama sin hacer bulla. Al pasar por el espejo lleno de postalitas japonesas, me ví la cara, y limpié un poco de vómito que tenía pegado en la barba. Esperé a que abriera la regadera. Salí por la puerta principal. Sentí las lágrimas arrastrándose como gargajos pesados e inanimados, sin piernas. Estaba loco. Definitivamente tenía que estar loco.


Corta

octubre 13, 2008

It was a rainy day. Así empezaba una novela. Un cómic también. Así empiezan muchas historias taciturnas, con mucho blues y cigarro y putas y cuchillos y hombres viejos y cansados, casi nunca empiezan con un jueves soleado, digamos que un asesinato se ve mucho más elegante cuando tiene ese aire de venganza consumada, en vez de aquella injusticia a plena luz del día, ese tufillo a página roja o crónica policial. Y es en verdad cuando es más asesinato entonces, en la mitad de la vida (el día), sin esperar el momento justo, la palabra precisa que justifique una hemorragia interna o un almuerzo en Il boticcello. It was a rainy fucking day, todas las lluvias confluyen en terrenos secos, en otras pieles, sangre lavada por noventa y cinco centímetros cúbicos de lluvia, y el paraguas olvidado es menos paraguas y mas remordimiento, no puedes entenderlo hasta que no tienes el agua hasta el cuello. Y la lluvia del rainy fulano day ese te azota espalda aunque corras, y prendes un cigarrillo para sentirte mejor (más cinematográfico), corres a refugiarte en la casa, ya las articulaciones te hacen resignarte ante la cruz. El cielo cerrado no ofrece resguardo, y sientes como el miedo sudado se escurre entre tus manos, un miedo viejo y cansado, las manos también. Se rompe el orden del daño infringido y el verdugo clama piedad, la víctima se ríe morbosamente mientras bajan las tres mil putas del cielo con sus cuchillos afilados a ponerle sus nombres a tu llanto. La almohada sangra cuando duermes, y vomitas insultos, pones un disco de Miles Davis mientras escampa, y tu cara de fracaso es la factura de tanta risa impune.


Entre 6 y 8

octubre 13, 2008

Caminaba hace días solo. Como con la sensación de estar siempre al borde de algo. En todos lados veía una parejita caminando por donde solíamos caminar nosotros. Sentados en un café gay con la misma sonrisa de idiota que nunca me daba cuenta que portábamos, y que un carajo como yo que caminaba ahora por ahí veía con sorna. Lo único que quería era un porro para, como dicen los que no fuman, evadir mi realidad, no saben que quizás realmente lo que necesitas es verla desde adentro.

El porro no lo conseguí, ni siquiera tenía ánimos de buscarlo. Uno tiene derecho a querer algo pero como sin quererlo tener. Igual que uno tiene derecho a odiar las cosas de las que no puede desahacerse. Uno por ejemplo se da cuenta que odia al tipo que tiene a la mujer que a uno le gustaría tener, sin querer ser como él jamás en la vida. Uno odia el sushi, las cucarachas, lavar ropa, tirar con condón, las monedas, la musiquita que oyen los chamitos en el metro a todo volumen, pero tiene que vivir rodeado de ellas. Es mentira que pensaba en eso mientras caminaba, lo pensaba antes o despues, había leído Cortázar y había visto a Hanuka, y había sentido el terror de no poder ser como ellos. Tengo 25 años y no he cosechado más que unas cuantas deudas y unos proyectos de dudosa importancia. No tengo ni para un taxi si lo necesitara, y en medio de eso, ella me hizo creer que esas cosas no importaban. Normalmente intento distraerme lo más que puedo cuando algo es importante para mí. Mi familia, mi trabajo, la mujer de turno, en otras cosas más pequeñas ocurre lo mismo, una muela que falta, un vidrio que comprar, una factura de luz vieja y los platos podridos en el fregadero son detonadores de querer dibujar, escribir, masturbarme, salir a beber, buscar algo de cocaína o leer cómics que ya he leído.

Ella nunca supo en realidad quién era yo, yo sólo me limité a hacer lo que hacemos todos los seres humanos, vender una imagen pulida y planchada de nuestros defectos, mostrarle las fotos donde salgo bien, presentarle los amigos que pueden hablar bien de mí, no sonreír del lado de la jeta donde tengo el hueco. Al final se te ven las costuras, llega un punto donde ya no te crees a tí mismo y sabes que algo anda mal. Por lo general es entre las seis de la tarde y las ocho de la noche, mientras caminas por el sitio donde antes hablaban, y tratas de reconstruir otras versiones de tí mismo. Otras veces sientes que alcanzas y traspasas otro borde, llegando a reconocerte en el loco que no le importa caminar por la libertador a la una de la madrugada entre putas y transformistas, con el mismo terror inexistente ante los policías que no te pueden joder mas de lo que ya estás, y antes de cruzar ese borde que te lleva a tu casa, entre platos sucios de hace una semana, una botella de ron casi vacía y los mosquitos, te sientas, le das la espalda al mundo y te ves a tí mismo en un dibujo inevitable o en un poema de mierda y pelos.


Para una persona de buen humor

octubre 13, 2008

Hola otra vez, acá estoy.

Hola a las bienvenidas,

preciosuras de la vida.

Porque todo es gratis.

Porque hay cosas que still have a big weight.

Los espacios vacíos

Si un cuerpo decide ser aprisionado

Los espacios vacíos

Si un cuerpo quiere ser aprisionado

Aún los vacíos.

De esos hay varios en el cuarto.

Uno donde me muevo,

otro donde pienso.

Otro donde esta la sombra de lo que solia ser un cuerpo aprisionado bajo los espacios vacíos.

Creando nuevos.

Vértigo.

Y se ha demostrado mi resistencia ante los movimientos de tierra.

Es una buena opción para el control remoto o el lápiz

Sí, ése me gusta mas,

que duerme a mi lado, olvidadizo,

y si,

si es verdad,

ahí está seguro cada mañana.