Claudine

“Mientras mis pies me arrastraban lentamente hacia allí,

me preguntaba, ¿por qué mienten las personas?”

Charles Bukowski. La máquina de follar.

Tenía los ojos verdes, una mujer bella, suelta y fresca, venía bajando por la misma calle de mi casa, yo cargaba las monedas justas para comprar pan, el almuerzo de Luis y mío ése domingo. No había mas nadie en la calle, y cuando me hizo una seña con el brazo, me mató. Era conmigo. Dios es grande. Recuerdo su voz: Hola cómo estás, disculpa el abuso, pero ¿no podrías prestarme trescientos bolívares para un pasaje para Ejido? Las monedas sudaban en mis manos, y la panadería, y Luis, y el hambre. Le dije con toda la sinceridad del amor y la verguenza que no podía darle la plata que tenía, pero que si quería, podía comer con nosotros. Pobre mamaguevo. Momento inescuo y de una lentitud viscosa el de su cara de desilusión y gracias no importa. Y mi estómago dispuesto a vomitar luego esos panes miserables por la cagadota que acaba de poner con esa mujer. Cuando terminé de pensar eso, ya estaba recibiendo el pan, y el vuelto. 300 bolivares, pero ella iba como tres cuadras abajo. Bajé corriendo. No estaba, crucé a la izquierda, mis luces bajas por el calor y la arrechera, sin parar de correr ordené la ruta y empecé a buscar por donde podría pasar el bus que ella necesitaba. Dos cuadras a la derecha, abajo otra vez, y allí estaba, caminando. Le toqué el hombro, ella volteó sin asustarse, yo no podía ni hablar, de vaina recuperaba el aire quemado y le balbuceé lo que pasaba. Le dí la plata, se rió. Claudine, se llamaba, y a pesar de la escena que le acababa de regalar, no pudo sino rechazar el almuerzo de nuevo, debía llegar a Ejido en media hora. Me dió una amplia sonrisa y un abrazo. No me atreví a pedirle su número, en una ciudad tan pequeña no hacían falta esas previsiones, y estaba tan seguro de que nos veríamos por ahí a la semana, y era tan agradable pensarlo, que prefería dejarlo de esa manera. Eso fué hace como tres años, unos meses antes de venirme de Mérida. Y fué la última vez que le hablé. Si no estuviera muerta ahora no escribiría sobre ella y no insistiría en reconstruir ése domingo obstinadamente una y otra vez, buscando que éste cuento terminara diferente.

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8 Responses to Claudine

  1. Siempre añoramos lo que acariciamos y no tuvimos… nos arrepentimos de lo que puedo haber sucedido… Todos en algún momento determinado hubiéramos deseado regresar atrás y cambiar lo acontecido…
    Saludos

  2. lena dice:

    Ostras!

    Está muerta?

    Me he quedado pa´llá…

    continuará?

  3. Gustvao dice:

    Siempre pensando en el “¿Y si…?”. Esos recuerdos que nos dejan grandes dudas o expectativas.

    ¿Está muerta de verdad? ¿Se estrelló en el bus que la llevaba?

  4. Leoncio Martínez dice:

    Si. Pero el bus que la llevaba se llamaba heroína. Una cagada.

  5. Verónica dice:

    Interesante relato. Quiero leer más. Buena pluma, León.

  6. a. dice:

    hank es a bukowski como leoncio es a…. 🙂

  7. como leoncio es a fuego. revienta. inventa. comenta. se esconde bajo fondo tango club de las pasiones. (el director del penal amenazó con bajarme a tiros de la azotea donde estaba protestando) quemando la zanahoria en su casa. la quiero burda

  8. a. dice:

    la zanahoria olia a merida.
    la buena zanahoria.
    beso!

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