Ambidextro

Al segundo mojito se paró, un tipo que sabe lo que quiere, al frente de todos, cool, relajado, dueño del local, rodeado de gente que no sabe nada de él. Rosa cambiaba los canales con un ritmo sincopado a cada paso de él.

La música estaba allí, reiterada y constante. justificaba el grupo de amigos del momento. Rosa ni de vaina cabía, y lo sabía, Ahora ella era un documental de Chillida o un reportaje de los desaparecidos del cono sur por señal abierta, televisor sin control remoto.

Mientras él come en su cama, no le interesa el documental y lo que quería era bailar. Ella comía algún plato exótico con curry mango tempurizado. Y luego bailaba, sin dar mucho pero haciendo que el más torpe sacara su guaguancó para llevarle el ritmo (mientras pueda) a esas caderas que terminaban al cabo de unas piernas en unos piecitos impecables.

Mientras tanto, él cambiaba canales sin demasiado interés.

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