Adiós mapache adiós

Llegó apenas hace tres días. Roberto, del grupito de la gente de humanidades, y reducirlo a humanidades sería tan mezquino. En humanidades estaban Lucía, Manuel, Lucho, Ramón, Oscar, Roberto por supuesto y los advenedizos del momento. Eso era letras, medios, diseño, biología, era una cuestión de espacio, y decir de humanidades dependía de la finita mayoría del momento. Roberto sólo nos avisó a Lucho y a mí. La idea era viajar a Mérida después de unos días en Caracas con ambiente hogar, vernos acá luego de un fin con su familia, que se quedara en mi casa un par de noches, y armar el destroyer acostumbrado en casa del Ramón el otro fin. Bueno, realmente no el desastre acostumbrado, los años no pasaron en vano ni para Moncho, que vive con su princesa, como la llama desde que los conozco, y su par de retoños, que, como todos los hijos de esa generación, nacieron con el estigma de “saber como es todo”.

Hace cuatro años ya que partí de Mérida, dejando atrás muchas lunas tempranas a las cuatro de la tarde y madrugadas de 24 horas y media, y Roberto y yo siempre llevábamos la cuenta que era lo peor. En Costa Rica está la cosa bróder, créeme, decía, y la luz que brotaba de sus ojos me daba cierta tranquilidad. Cierta belleza filantrópica que nunca tuve y que él me escupía en la cara como sabiendome escéptico, me terminaba avergonzando de mis angostos planes reducidos a terminar mi carrera y buscar “mejores oportunidades de trabajo”, en lo que ” siempre he querido hacer”. Algo que nunca he sabido bien, y que no supera el match point de los 8 meses a lo sumo. – De pana, mira: en Costa Rica no hay ejército!, yo quiero vivir en un país que no tiene ejército, me entiendes? Es la última esperanza de la humanidad, cero guerras, pura playita y turistas, quién coño se va a ir a meter con un país que no tiene ejército?. Yo sonreía y sin averiguar mucho, con eso me bastaba para imaginarme un paraíso caribeño sin muchachos armados de fusiles rondando ese poco de resorts y tipas en bikini, todas buenísimas. Porque esos son los sueños que valen la pena. Y claro, yo sabía que también era Vanessa. Recuerdo la primera vez que habló de Vanessa, apenas llevaba un día conociéndola por internet y conmigo creo que fué el primero con quien habló de ella. Vanessa está chévere. Claro, lo único que he visto de ella, incluso después de los casi dos años de matrimonio con el Rob, fueron las primeras fotos que ella le enviaba a él, fotos controladas, gran angular en picado, una sonrisa infalible y su preparado look de me están tomando un foto. De bolas que está rica. Pero antes de que se fuera, nunca ví a Rob con ella, tan merenguera, tan vestidito de algodón beige o flores y grandes collares, tan pelo larguísimo y encrespado, tan estudiante de hotelería en ese horrible y mayamero resort rosado de palmeras de plástico y toallas blancas, O peor, nunca me la imaginé con un tipo como Roberto. Dj, productor, chef, artista conceptual o niño grande que nunca temió burlarse de los grandes con sus escatológicas instalaciones carentes de asco por nada.

Los viejos de Robert son profesores de la universidad, jubilados, y obvio que todo el día en la casa rumiando, y con el hijo mayor todavía instalado, no les hacía muy felices. Además demasiadas pastillas raras, que al final terminaba consiguiendo con los récipes de su mamá, supongo que tenían razón en joderlo tanto. Es que de pana se pasa. Dígame el día que le dió por pensar que se le había perdido unas metras en la casa. Unas metras. Mínimo tendría 20 años sin jugar, porque yo fuí el último que le quitó, y me consta, sus 50 metras en buena lid. Roberto gateando enpastillao en la casa, la mamá y la hermana con aquella gritería formándole peo y amenazándolo con internarlo, y el bicho cagado de la risa como se cagan de la risa los niños que no les importa regar su mierda por las paredes con las manos crudas… Y siguió gateando por toda la casa, hasta que se quedó dormido debajo de la mesa del comedor y me tuvieron que llamar, porque si no empezaba a partir los elefantes del recibo si se despertaba asustado con esa gritería fresca… Lo recuerdo desnudo, con un paño semiamarrado de sus caderas, arropado de sudor y la cara hacia adentro de él. Cuando me vió empezó a llorar, pero entonces era ese llanto entrecortado de emoción infantil al ver cerca a su mamá que lo viene a buscar ese horrible primer día de escuela. Roberto era un buen tipo. Pero se cansó. Yo también. Y me vine. Y listo, página en blanco y a ver que es lo que es. No me despedí casi de nadie, sólo de Roberto, y el último día que lo ví se había hecho una cresta con jabón azul y pintado de dorado. Que cagada era verlo así. Pero igual, me iba. Cúidese. O su papá y mamá mejor.

Dos años pasan rápido. El bicho en Costa Rica. Instalado. Así es nojoda. Voló alto. Una de limpieza que llaman, cambio de aire. Lo que todos necesitamos para sacudir la comodidad pesada y larga. Y que está trabajando y todo, ya casi no hace música porque parió y está clean, parece que en algún momento un internado en una casa hogar, reclusorio, sanatorio, como le llamen allá, fué parte del guión, y dejó todo pero que ya no era el mismo. Fino. Yo necesitaba ordenar un poco acá adentro antes de vernos. Lo mejor es el presentimiento de conversaciones crudamente reveladoras. Esos eran nuestros buenos reencuentros, y hablar de verdad como cuando sientes que hablan por tí o al revés o al cuadrado, la empatía por kilos. Quizá por eso me dió como una arrecherita trancada cuando le tuve que decir Coño Robert estoy full hoy, saldré burda de tarde, será pa mañana. Y presentí leve desánimo en su Ok hablamos mañana. Al final se fué con Javi, Reinaldo y Sebas. Estos panas son demasiado tranquilos. Viven alquilados todos en una quinta en Los Samanes, y Sebastián era el encargado. La dueña vivía ahí pero encerrada en su cuarto cayéndose a whisky. Divorciada creo que me dijo. Madre jardín y cuartos grandes, y con la tipa borrada en el cuarto todo el día, no habría problemas. Sebas le administraba la bebida que escondía a petición de la señora, en la maleta de su carro. Y ninguno de los tres había tocado droga en su vida. Fino. Yo por mi parte dormí sabroso en mi casa.

No eran todavía las 10 de la mañana cuando llamé a Sebas para cuadrar de una vez el itinerario para el día. Estaba poniendo apenas algo de música mientras ahuyentaba la lluvia mañanera con un negrito hirviendo. Amaneció frío… lo fuimos a despertar, y estaba tieso. Cosas que uno no espera oír a esa hora llegando al trabajo. Se murió de sobredosis. Situaciones que no son procesadas al momento, uno con el buenos días en la boca y te salen con sobredosis. Dejarlo pasar como algo que realmente nunca pasó no funciona. Se peleó con el viejo, y que fué feo, el tiempo realmente no había pasado por él, y despierto y asumido el monstruo, se fué de la casa, despojado de convenciones a caerse a las mismas pastillas que le volvía a robar a su mamá, de la misma gaveta. Se resiente la neurona de que si hubiera pasado algo distinto si se hubiera quedado en mi casa. Una película, un invento, le das vueltas como un rubik mental ¿quizá se hubiese muerto en mi casa?, descolocado por un tropezón del orden natural de los acontecimientos, uno se ríe y se abre paso de nuevo, y quisiera haber estado ahí y explicarle todo esto a Roberto, un precio por el dudoso privilegio de poder sentirlo aún llorando como un niño buscando sus metras. Y no puedes cotejarlo con lo que pasó, y te emputa saberlo, porque aunque la película tiene más probabilidades de ser correcta y exacta, los hechos reales son infinitamente más maleables.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: