Cuenta

noviembre 6, 2008

cuenta

Ahí está.
Ya he contado hasta diez.
Diez.

Días
.
Semanas
.

Veo desde mi cama.
Una colilla
.
Dos colillas.
Algo

de ceniza en la mesa.

Oigo un perro
en la calle.

Una perra

dos perros.

Uno

suena grande.
Otro con miedo
.
Son dos

o tres

perros.

Otro sábado.
Otro domingo.

Mi computadora.
Está en stand by.
y yo.

Reducido a contar

perros.

A veces
uno cree que es importante
contar
éstas cosas.


El cielo en el bolsillo

noviembre 5, 2008

Una persona que remeda a otra persona que lo remeda a uno. No sirve aprender por otro.
O aprender de cómo los demás aprenden de uno.
Se lleva en el cuero. En la sangre.

Luces bien.
Las luces, digo.
Estás adentro?

Sales y quieres exprimirlo, no?.
Las luz y el sonido te la explotaron como era.
Ése es el problema.

Y ahora?
Llama el bróder. Rumba en suka.
Y que el tipo se iba pa llá.
Já.

Lo más decente que uno puede hacer
no sé si es irse para la casa.
Iba a decirlo.
Pero a la puta
mentiroso no soy.


Los hechos.
12:24. Entregas mañana. Y el bróder. Y el resto del mundo.
Casa. Medio nada despreciable. Acá. Boca seca. Luces en el cielo.
Adentro.
Muchas cosas juntas. Un breve resumen, por así decirlo. De Charles, Sebas y Marc.
Cuando dices: Así es que es la vaina.
De ésto se trataba.
Siempre que puedas hacer que se repita.
No necesitarás nada más.
Érika alguna vez me lo dijo.

Estás.
Con el timing perfecto.

Con los momentos adecuados en el
tiempo justo.
Esto vá acá.
Esto viene así.
Fino.

Pero te das cuenta.
Es un solo frame. Un segundo.
Un milímetro hacia adelante o hacia atrás.
Y la cosa
es que
realmente te das cuenta que saliste.
Vuelves a entrar.
Y se te olvida.


Repelente

noviembre 4, 2008

botella

Roncando

Escupiendo irritado,

pecho cerrado, polvo mojado

clavado.

Acostado.

Mosquito, otro mosquito

(mato uno, queda pegado

en la pared)

Pelusa. Pegoste.

Aire viscoso, calor.

Botella ociosa.

Salud.

(A los mosquitos no les gusta el anís).


Claudine

octubre 30, 2008

“Mientras mis pies me arrastraban lentamente hacia allí,

me preguntaba, ¿por qué mienten las personas?”

Charles Bukowski. La máquina de follar.

Tenía los ojos verdes, una mujer bella, suelta y fresca, venía bajando por la misma calle de mi casa, yo cargaba las monedas justas para comprar pan, el almuerzo de Luis y mío ése domingo. No había mas nadie en la calle, y cuando me hizo una seña con el brazo, me mató. Era conmigo. Dios es grande. Recuerdo su voz: Hola cómo estás, disculpa el abuso, pero ¿no podrías prestarme trescientos bolívares para un pasaje para Ejido? Las monedas sudaban en mis manos, y la panadería, y Luis, y el hambre. Le dije con toda la sinceridad del amor y la verguenza que no podía darle la plata que tenía, pero que si quería, podía comer con nosotros. Pobre mamaguevo. Momento inescuo y de una lentitud viscosa el de su cara de desilusión y gracias no importa. Y mi estómago dispuesto a vomitar luego esos panes miserables por la cagadota que acaba de poner con esa mujer. Cuando terminé de pensar eso, ya estaba recibiendo el pan, y el vuelto. 300 bolivares, pero ella iba como tres cuadras abajo. Bajé corriendo. No estaba, crucé a la izquierda, mis luces bajas por el calor y la arrechera, sin parar de correr ordené la ruta y empecé a buscar por donde podría pasar el bus que ella necesitaba. Dos cuadras a la derecha, abajo otra vez, y allí estaba, caminando. Le toqué el hombro, ella volteó sin asustarse, yo no podía ni hablar, de vaina recuperaba el aire quemado y le balbuceé lo que pasaba. Le dí la plata, se rió. Claudine, se llamaba, y a pesar de la escena que le acababa de regalar, no pudo sino rechazar el almuerzo de nuevo, debía llegar a Ejido en media hora. Me dió una amplia sonrisa y un abrazo. No me atreví a pedirle su número, en una ciudad tan pequeña no hacían falta esas previsiones, y estaba tan seguro de que nos veríamos por ahí a la semana, y era tan agradable pensarlo, que prefería dejarlo de esa manera. Eso fué hace como tres años, unos meses antes de venirme de Mérida. Y fué la última vez que le hablé. Si no estuviera muerta ahora no escribiría sobre ella y no insistiría en reconstruir ése domingo obstinadamente una y otra vez, buscando que éste cuento terminara diferente.


Carta vieja a I.

octubre 28, 2008

Épale señorita de desternillante y alocada felicidad zen. Anoche estuve hasta las dos de la mañana haciendo dibujitos con la mano izquierda, algunos son buenos, otros no tanto, (según la escala oportunista de turno). Soy un mejor tipo (risas grabadas) sinceramente desde que me entregué al ambidextrismo o ambidiestrismo, pero decir ambidiestro es como injusto pa la izquierda y hasta creo que no se dice así, ojalá en algun momento termináramos ambisiniestros, o reconocer que no es ambi nada, sino que ya no eres diestro sino diesiniestro o algo que no suene tan feo (según la misma escala estúpida de arriba)

La cosa es (y por la que abro el correo por como lo abro) que no pense que fuera a escribir un mail para ti tan incoherente, alrededor de algo tan imporante para mí en la vida en éste momento como eso, la zurda, de hecho, a buena parte de mi vida le gustaría apoyarse en la zurda.

Ahora, escribir es otro peo, quizá escribir al revés, pero lo que hago es escribir de derecha a izquierda, igual con la clásica derecha, como escribe el diablo, es casi lo mismo, pero supongo que ayuda también… porque con la izquierda es desesperante, como lo de tocar un instrumento musical para alguien vruto en eso como yo.

Por cierto.

Apenas me empezaste a decir lo de los dedos empecé a hacerlo

La cagada de risa de dos líneas después… “te pones a que tus dedos, a los que has enumerado como 1 , 2, 3, 4, 5 en orden de aparición”… bueno, no es que sea la mejor tripa de mi vida,

pero,

no soy ambi-cioso en eso.

Me sabe

Por eso, te hice un dibujito con la mano izquierda, en el interludio de ambos correos (éste y el tuyo, el de la vaina de los dedos), correos ambivalentes ambizarros.

Abrazo siniestro.

L.


Desenfoque gaussiano

octubre 27, 2008

No extraño el silencio

ni la conversa ajustada

a los acontecimientos.

No me falta la ignorancia.

Hace falta saber

que el verdadero lugar de nacimiento

es donde por primera vez

tenemos una visión clara

de quiénes somos.

Punto de partida

de incontables llegadas.

No me extraña no haberlo visto

estaba muy ocupado, te diré,

atendiendo otros partos.

Pero tranquila.

No he perdido

mi sombra bajo la niebla.

Y no me divierte buscarte en ella.

Todos nos hemos sentido

un poco hijos de puta.

Mi número ya pasó.

El blanco del cuarto

esparce quietud

en contra de tus zapatos.

Y allí

te encuentro.


Escríbeme

octubre 24, 2008

Otra noche en vela. Velación. Limpieza. Materia y luz. Salsa y control. Latencia. Purgatorio de malas conductas y los párpados pegados acusan al ladrón del sueño. Se reciclan los ritos al mejor impostor mientras uno escribe y evacúa, excretando ideas flojitas. Escribir se vuelve un eufemismo, y tú lo sabes. Las cosas que leíste antes no eran diferente en el fondo a ésto, la interpretación de una interpretación personal. Porque si no terminas (o empiezas) contando cuentos de otras personas como si fueran de uno. Tú lo dejas, corriges, cortas por acá, pegas esto que le debe quedar fino, pero mosca que no se te olvide la próxima vez que lo cuentes, y al final cambias el comienzo y se te olvida el final y estás contando lo mismo. Reconoces en la poceta pedacitos de pimentón que no comiste pero dale que los nutrientes vienen a mansalva por todos lados. La defensa última es un poco de letras (palabras) desordenadas que imprimes en papel higiénico. Bajas el agua. Y no se van.


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