Sexta.

Octubre 21, 2008

La demencia era un sofá cómodo

para estar.

No te importaban mis platos sucios

ni la capa de tiempo acumulado

sobre nosotros.

Tampoco me importaba tu cinismo

vestido de alguien que te esperaba

más tarde.

Transaríamos con la bajeza

y lo haríamos con altura.

.

Mi deseos seminales

presentían un temblor lento.

Y.

Una represa tibia cedió bajo tu falda

cuando al fin pude

descubrir esas nalgas honestas.

.

Y entonces tiramos.

Tiramos con hambre y sin asco.

Trancao.

Desenfreno.

Uñas.

Pelo.

Pies.

Piernas.

Espalda.

Saliva.

Era todo lo que necesitábamos.

.

Así fue ese viernes.

Porque así fueron muchos viernes

y lunes

y sábados.

Cuando nos cogíamos como nunca

que es lo mismo

que decir

como siempre.

.

Éramos sudor.

Lubricabas litros de placer

y disolvíamos el miedo

de todas las maneras posibles.

.

En algún momento pensé,

ésta,

puede ser la última vez.

Y me consumí entero

en tu sexo.

Sin guardar nada para después.

.

Y entonces, malparida,

me dijiste,

.

¿Vas pendiente de la séptima?


Frontera (tobibani ya neranu)

Octubre 20, 2008

Octubre está cerca,

y no tengo nada que ponerme.

Cuando vengas,

que la lluvia de invierno te oculte un poco.


Adiós mapache adiós

Octubre 20, 2008

Llegó apenas hace tres días. Roberto, del grupito de la gente de humanidades, y reducirlo a humanidades sería tan mezquino. En humanidades estaban Lucía, Manuel, Lucho, Ramón, Oscar, Roberto por supuesto y los advenedizos del momento. Eso era letras, medios, diseño, biología, era una cuestión de espacio, y decir de humanidades dependía de la finita mayoría del momento. Roberto sólo nos avisó a Lucho y a mí. La idea era viajar a Mérida después de unos días en Caracas con ambiente hogar, vernos acá luego de un fin con su familia, que se quedara en mi casa un par de noches, y armar el destroyer acostumbrado en casa del Ramón el otro fin. Bueno, realmente no el desastre acostumbrado, los años no pasaron en vano ni para Moncho, que vive con su princesa, como la llama desde que los conozco, y su par de retoños, que, como todos los hijos de esa generación, nacieron con el estigma de “saber como es todo”.

Hace cuatro años ya que partí de Mérida, dejando atrás muchas lunas tempranas a las cuatro de la tarde y madrugadas de 24 horas y media, y Roberto y yo siempre llevábamos la cuenta que era lo peor. En Costa Rica está la cosa bróder, créeme, decía, y la luz que brotaba de sus ojos me daba cierta tranquilidad. Cierta belleza filantrópica que nunca tuve y que él me escupía en la cara como sabiendome escéptico, me terminaba avergonzando de mis angostos planes reducidos a terminar mi carrera y buscar “mejores oportunidades de trabajo”, en lo que ” siempre he querido hacer”. Algo que nunca he sabido bien, y que no supera el match point de los 8 meses a lo sumo. – De pana, mira: en Costa Rica no hay ejército!, yo quiero vivir en un país que no tiene ejército, me entiendes? Es la última esperanza de la humanidad, cero guerras, pura playita y turistas, quién coño se va a ir a meter con un país que no tiene ejército?. Yo sonreía y sin averiguar mucho, con eso me bastaba para imaginarme un paraíso caribeño sin muchachos armados de fusiles rondando ese poco de resorts y tipas en bikini, todas buenísimas. Porque esos son los sueños que valen la pena. Y claro, yo sabía que también era Vanessa. Recuerdo la primera vez que habló de Vanessa, apenas llevaba un día conociéndola por internet y conmigo creo que fué el primero con quien habló de ella. Vanessa está chévere. Claro, lo único que he visto de ella, incluso después de los casi dos años de matrimonio con el Rob, fueron las primeras fotos que ella le enviaba a él, fotos controladas, gran angular en picado, una sonrisa infalible y su preparado look de me están tomando un foto. De bolas que está rica. Pero antes de que se fuera, nunca ví a Rob con ella, tan merenguera, tan vestidito de algodón beige o flores y grandes collares, tan pelo larguísimo y encrespado, tan estudiante de hotelería en ese horrible y mayamero resort rosado de palmeras de plástico y toallas blancas, O peor, nunca me la imaginé con un tipo como Roberto. Dj, productor, chef, artista conceptual o niño grande que nunca temió burlarse de los grandes con sus escatológicas instalaciones carentes de asco por nada.

Los viejos de Robert son profesores de la universidad, jubilados, y obvio que todo el día en la casa rumiando, y con el hijo mayor todavía instalado, no les hacía muy felices. Además demasiadas pastillas raras, que al final terminaba consiguiendo con los récipes de su mamá, supongo que tenían razón en joderlo tanto. Es que de pana se pasa. Dígame el día que le dió por pensar que se le había perdido unas metras en la casa. Unas metras. Mínimo tendría 20 años sin jugar, porque yo fuí el último que le quitó, y me consta, sus 50 metras en buena lid. Roberto gateando enpastillao en la casa, la mamá y la hermana con aquella gritería formándole peo y amenazándolo con internarlo, y el bicho cagado de la risa como se cagan de la risa los niños que no les importa regar su mierda por las paredes con las manos crudas… Y siguió gateando por toda la casa, hasta que se quedó dormido debajo de la mesa del comedor y me tuvieron que llamar, porque si no empezaba a partir los elefantes del recibo si se despertaba asustado con esa gritería fresca… Lo recuerdo desnudo, con un paño semiamarrado de sus caderas, arropado de sudor y la cara hacia adentro de él. Cuando me vió empezó a llorar, pero entonces era ese llanto entrecortado de emoción infantil al ver cerca a su mamá que lo viene a buscar ese horrible primer día de escuela. Roberto era un buen tipo. Pero se cansó. Yo también. Y me vine. Y listo, página en blanco y a ver que es lo que es. No me despedí casi de nadie, sólo de Roberto, y el último día que lo ví se había hecho una cresta con jabón azul y pintado de dorado. Que cagada era verlo así. Pero igual, me iba. Cúidese. O su papá y mamá mejor.

Dos años pasan rápido. El bicho en Costa Rica. Instalado. Así es nojoda. Voló alto. Una de limpieza que llaman, cambio de aire. Lo que todos necesitamos para sacudir la comodidad pesada y larga. Y que está trabajando y todo, ya casi no hace música porque parió y está clean, parece que en algún momento un internado en una casa hogar, reclusorio, sanatorio, como le llamen allá, fué parte del guión, y dejó todo pero que ya no era el mismo. Fino. Yo necesitaba ordenar un poco acá adentro antes de vernos. Lo mejor es el presentimiento de conversaciones crudamente reveladoras. Esos eran nuestros buenos reencuentros, y hablar de verdad como cuando sientes que hablan por tí o al revés o al cuadrado, la empatía por kilos. Quizá por eso me dió como una arrecherita trancada cuando le tuve que decir Coño Robert estoy full hoy, saldré burda de tarde, será pa mañana. Y presentí leve desánimo en su Ok hablamos mañana. Al final se fué con Javi, Reinaldo y Sebas. Estos panas son demasiado tranquilos. Viven alquilados todos en una quinta en Los Samanes, y Sebastián era el encargado. La dueña vivía ahí pero encerrada en su cuarto cayéndose a whisky. Divorciada creo que me dijo. Madre jardín y cuartos grandes, y con la tipa borrada en el cuarto todo el día, no habría problemas. Sebas le administraba la bebida que escondía a petición de la señora, en la maleta de su carro. Y ninguno de los tres había tocado droga en su vida. Fino. Yo por mi parte dormí sabroso en mi casa.

No eran todavía las 10 de la mañana cuando llamé a Sebas para cuadrar de una vez el itinerario para el día. Estaba poniendo apenas algo de música mientras ahuyentaba la lluvia mañanera con un negrito hirviendo. Amaneció frío… lo fuimos a despertar, y estaba tieso. Cosas que uno no espera oír a esa hora llegando al trabajo. Se murió de sobredosis. Situaciones que no son procesadas al momento, uno con el buenos días en la boca y te salen con sobredosis. Dejarlo pasar como algo que realmente nunca pasó no funciona. Se peleó con el viejo, y que fué feo, el tiempo realmente no había pasado por él, y despierto y asumido el monstruo, se fué de la casa, despojado de convenciones a caerse a las mismas pastillas que le volvía a robar a su mamá, de la misma gaveta. Se resiente la neurona de que si hubiera pasado algo distinto si se hubiera quedado en mi casa. Una película, un invento, le das vueltas como un rubik mental ¿quizá se hubiese muerto en mi casa?, descolocado por un tropezón del orden natural de los acontecimientos, uno se ríe y se abre paso de nuevo, y quisiera haber estado ahí y explicarle todo esto a Roberto, un precio por el dudoso privilegio de poder sentirlo aún llorando como un niño buscando sus metras. Y no puedes cotejarlo con lo que pasó, y te emputa saberlo, porque aunque la película tiene más probabilidades de ser correcta y exacta, los hechos reales son infinitamente más maleables.


Wishlist

Octubre 17, 2008

Me gusta usar medias nuevas

en zapatos viejos.

Me gustan las cosas sencillas.

Un alambrito de una botella de champán.

Un cartoncito doblado.

.

Me gusta y no me gusta

pararme temprano

cuando no es necesasrio.

Me gusta la calle

un lunes en la mañana.

Un tufillo a responsabilidad

y caminar rápido.

Pero me gusta caminar lento

por la avenida las américas

o subir para los chorros

masticando la acera,

limpiar los pulmones

y aspirar la risa del viento.

Me gusta, como ves,

de vez en cuando

coleccionar frases de libros

y usarlas como si fueran mías.

Mis cojones.

.

Me gusta tomar

sin sueño ni borrachera

ni tener que pararla

para no hablar estupideces.

Pero tambien me gusta

decir estupideces

cuando no estoy borracho.

Me gusta, creo,

no cambiar el discurso

a la medida del momento.

Pero me gustaría saber

la puta medida.

Me gustaría escribir sin borrar

a eso me refiero.

Me gustan las mujeres que aprietan fuerte,

un saludo decidido

y no ese chorrito de pus

que es menos saludo que compromiso.

.

Me gusta el frío

blindado por la justa ración de calor.

Y me gusta el primer día

de una sábana recién lavada.

.

Me gusta no tener que fingir

que algo no me gusta

porque no lo puedo tener.

Me gusta conseguirme en la calle

cosas viejas para la casa.

Y hablar con los locos

mientras negociamos un libro mohoso

o un cuadro horrible.

Y me gusta echar el cuento después.

.

Me gusta que se pasen rápido

las ocho de la noche.

Al final del día.

Y me gusta comer con hambre.

Dormir con sueño.

Y cagar con ganas.

.

Me gusta muchísimo

llegar a mi casa

cuando no tengo nada que temer.

Y me gusta dormir contra un cuerpo

que conozco bien.

Y el mal aliento de un buenos días,

sólo después de un buen sexo.

O antes.


Tras noche

Octubre 16, 2008

A las dos y media de la madrugada suele pasar que uno está entretenido en otras cosas adentro de sí, derramando tinta con gracia en papeles sedientos de negro y de sombra (luz), rompiendo la cerradura entre el ojo interno y la danza de los dedos, y se esparce el hollín sobre tu cuerpo (el papel) y de repente son entonces los pájaros en vuelo rasante sobre la autopista de tu espalda, el vuelo es largo, mujer, y no hay nada que podamos hacer mientras se seca la tinta. Será por eso que prefiero los rostros, y en contadas ocasiones, ese delicado promontorio entre tu axila y tu seno. No confío, eso sí, en la ausencia de tus mejillas, y el vacío, el gran invento de este siglo, baila con la luna nueva sin que lo vean. Yo, necio y testarudo mantengo que ninguna mancha debe ser tomada en vano y argumento a mi favor cualquier posibilidad de asombro. No importa todo lo que soples. Ya la tinta se secó.


Mientras tanto

Octubre 15, 2008

It is a rainy day. Comienzas en presente, a partir de donde estás. Sin compromisos con el pasado. Tu casa se cae a pedazos, y tu en medio de ella, una olla podrida de pasta, de hace ocho días. los platos tienen más, y hablo de presente. Un mango que compré para una ensalada y dos vestidos extraviados, la nutella está al lado del teclado desde el día en que ya no se lo comería más. El pasado se repite día a día, y ella dice que deje el drama, yo me merezco una mujer mejor, dijo también, la claridad de pensamiento no ha sido mi fuerte por esta época del año. No termina de anochecer, ese ratico entre seis y ocho de la noche parece no tener fin. Sigamos haciendo inventario para ver que es lo que pasa, a ver si el asco me termina de levantar de éste, mi trono. Donde no le debo nada a nadie. Un plato de comida que tengo que sacar de abajo de la cama, cementerio de pasiones, que ahora cojea de una pata, y amenaza con hundirse con el resto de la tripulación de hormigas que empiezan a poblar mi entorno, deje el drama, me dijo, y mierda, una cama sin una pata es un drama, una tarde en la que amanece para la hora en que decides levantarte, a las cuatro de la tarde, lloviendo y se te mojan los sueños, la mata del rincón que ha sido olvidada y flaquea sobre el sofá que no he vuelto a usar son todos dramas. Baño el dolor con ron y no termino de arrancar, la carne está podrida, esperando que se la coman.

El pasado es como un perro fiel que no te puedes sacar de encima y te sigue, meneándo la cola, alimentándose de tí, que no le niegas migajas de preocupaciones y esperanzas. It is a rainy day, y de repente ya no, pero el agua sigue chorreando mi cama rota. Y ella, ríe tapándose la boca en su cama, con olores que presiento iguales que ayer, y el perro le ladra, pero ella aprendió a no escucharlo.

Acá, mientras tanto, el cilantro se mantiene tan fresco como el día que lo compramos.


Destiempo

Octubre 15, 2008

Lo ví

entrecortado.

Le faltaban segundos.

Descentrado.

Siempre habrá quien

se salte un segundo.

El reloj no tiene quien le dé cuerda.

una vueltica.

Movimiento uniformemente

acelerado.

Dáme tiempo.

Y llévame en tus alas

a ver a Jesús.

Un buen tipo.

Se toma las cosas

con calma.

La corona de espinas es hoy arbusto

mientras tanto.

Hazte el loco.

Que nadie te vea

juntando pelusas para hacer una cobijita.

Llegarás tarde, no corras.

No sudes,

no te apures.

Se te pasará el tiempo, y lo sabes.

La experiencia,

dijo alguien ocioso.

Es algo que consigues cuando ya no lo necesitas.

La cobija estará lista en el postámbulo del cuento.

Créeme.

Y gozarás

del desacato de un tiempo desterrado.

Hoy presiento el pasado.

Presentir es en presente.

Pero el reloj y la vaina.

Te regalo mi destiempo.

Préndete otro cigarro

y vuelve a empezar.

La cobija está

lista.


Al Clima

Octubre 13, 2008

Eran como las once, apenas venía llegando, era flaquito, arregladito, cada cabello pintado bien peinado en su sitio, su camisa con un mensaje clever era tan perfecta para la ocasión que el resto de nosotros no eramos más que un puñado de gente normal y simplona, cargaba el bluyincito de moda, los zapatos comprados por internet, nos sentíamos bien criticándolo, venía con sus amigos, todos impecablemente desarreglados como él. Nunca confíes en un tipo que usa lentes oscuros de noche, me dijo Gustavo, mientras revolvíamos nuestros rones algo pasados de limón en la parte de afuera del local. Nos reímos y seguimos bebiendo y hablando de lo inocentemente troglodita que era nuestro amigo Andrés.

-Jajajaja, el bicho se pica todo, y no se da cuenta que uno lo está jodiendo, si es marico, hasta chavistas creerá que somos cuando le llevamos la contraria.

- Sí, y te da con el dedo así, mira, mira, oye, en el hombro, sabes? No hay nada más insoportable que alguien te puye con el dedo mientras te está hablando.

-Y lo peor es que podemos estar hablando sólo los dos, y sigue con el dedo, como si te estuviera llamando.

-Viste el flaquito ése que pasó? seguro es vocalista de una bandita ánder – A Gustavo le encantaba pronunciar la palabra underground, “ándergraun” con acento en la a, o peor, reducirla a “ánder”. Eso le hacía parecer, o al menos eso creía él, más ducho en inglés, bandas de rock y pendejadas de tendencias.

-Si, seguro pasaron media hora frente al espejo combinándose.

-No no no, peor, todos juntos combinándose la ropa entre ellos, jajajaja.

-Seeee..

-Y seguro van todos a la misma peluquería, de su amigo gay Carlos.

-Cual Carlos?

- No importa, todos los Carlos son maricos.

-Jajajajaja César tu si inventas güevonadas. Chamo no se lo digas a Carlitos pepo porque se arrecha.

-Naaa, ése es marico también, jajajjaja.

La gente miraba a una tipa con una falda cortísima, pero cortísima de verdad, era imposible no pensar en cogérsela, pero mal. Había un grupito con ella, todas arregladitas, una legión de Verónicas, Victorias, Mafer y Camilas, todas exhumando tarjetas doradas llenas de deudas y seguro hablando del concierto de Jorge Drexler. Le había dicho a Gus que el hombre suele pagar como cien veces por un polvo más de lo que vale. Yo no, nunca había estado con una puta pero la última mujer con la que tiré de verdad me lo cobraba con eso que llaman detalles, te podría sacar la cuenta pero, ni fue una puta, ni fue más de cien veces su valor.

Llegó Andrés con Dani, con un trago de whisky en la mano, venían jalados, se le veía en la cara, y más tarde lo corroboraría en las fotos que nos tomaríamos todos cagados de la risa.

-Ussssssss… Viste esa jevita de faldita blanca?

-De bolas- dije- Pero mis cartuchos no los voy a botar en esa tipa, viste las amiguitas, noooo, que va compadre.

-Yo la conozco, lo que pasa es que no se acuerda de mí, jejejejeje. -dijo Andrés- Acto seguido se sonó la nariz hacia adentro sin asco, nadie se dió cuenta que era por los pases, solo yo, y volví a ver a la caraja de la faldita que salía hablando en su celular oligarca.

Había llovido toda la noche, quizá por eso el local todavía estaba vacío, aunque hubiera escampado antes que llegáramos y ya fueran pasada la una, además no era quincena todavía. De todas maneras era raro, eso siempre está full. Revisé mi bolsillo para sacar la tarjeta, no uso cartera desde la última vez que me la robaron, es mentira que lo más valioso es la cédula, son ese poco de mariqueritas que tienes ahí, teléfonos, dibujitos, recuerdos, calcomanías pegadas y gastadas, toda esa basura que significa algo para tí y que no te dan en la misión identidad. Ahí estaba la tarjeta, con las puntas enchavadas y con poquita plata, iba a tener que pedir prestado seguro más tarde, pero, despues del quinto ron uno no debe pensar en esas estupideces. Llamé a Andrés y disimuladamente le dije que me invitara uno.

Plasssss. Reseteé un poco de fantasmas que empezaban a llegar desde que llegó la carajita de la falda, y salimos bailando con nuestros rones recargados y cigarros nuevos. Afuera estaba el rockerito del peinado imposible, rascado y abrazando a la caraja de faldita, sobándole la cintura por encima de su franelita transparente. Y sentí un fuerte impulso de darle una patada en la espalda, como si estuviera abriendo una puerta al estilo hollywood. Andrés empieza de nuevo.

-Que? esa jevita con el mamaguevo ése?

-Ajá. Ahora me vas a decir que lo conoces también? – dije. No, tú conoces a todo el mundo aquí en Caracas. Jajajajajaja.

-De booooolas papá! ese es el de Versus. Se las da de sensible y siempre se corona a las tipas mas explotadas.

- Y bueno, háblame, que vamos a hacer?. Pero Andrés era pura labia, y con los pases se pone mas diablo. Además el rockstar estaba hablando con un amigo de Gustavo, y Gustavo me veía y lo señalaba por atrás y se reía.

Seguimos hablando todos, ya después que la parejita se fueran adentro otra vez, Gustavo y Dani estaban enfrascados en una absurda discusión sobre los misiles que había comprado el gobierno, y Andrés me entretenía con sus historias imposibles. También estaban Adry, la gorda y Gabo, pero hablaban de trabajo, así que estaban vetados de nuestra conversa, tomamos foticos, nos reímos de la gente que estaba y los que no también. Andrés seguía enfrascado con la de la faldita, decía que el flaco realmente era patético, o quizás era envidia porque estaba con esa mujer, la ví mejor, seguro era su quinto novio en seis meses, sólo esperaba aburrirse de él antes de irse con otro, de todas maneras, no parecía la clase de mujer que se acostaría con un contador o un militar, eso hizo que se ganara cierto respeto de mi parte. Sus amiguitas en la barra seguro nos habían visto y desechado, no sin antes hacer algun comentario despectivo y burlarse, al rato las vería vomitando en el baño y cayéndose a pases en la barra, pero a esa hora todavía eran estudiantes de comunicación en la católica, amiguis, hijas de nosequiencito y novias de algun tipo con apellido. Putas.

Estuve un rato mandándole mensajes a Mariela. A esa hora solo quería un polvo fácil con el que no tuviera que hablar antes, y, Mariela era ese tipo de mujer, aunque tuviera meses sin verla, tiraríamos sin compromiso, sin porqués, sin te llamo mañana, sin ni siquiera tener que contarle lo que hice los últimos meses. Ya estaba borracho, y nadie en ese local me tomaría en serio. Me paré. Fui por otro ron y otro pase. Estaban asquerosos, cuando salí del baño una de las Verónicas de la barra me pidió que le regalara uno. Me le reí en la cara, me sequé el sudor y salí bailando de nuevo. Sonó el celular. Era Mariela.

-Aló César? y ese milagro que me escribiste?

-Nada, para ver que estabas haciendo. Saliste hoy o que? – De fondo se oía una musiquita y un gentío, así que la respuesta era la esperada.

-Sí. Pero ya casi me voy para la casa, tú que haces?

-Aquí, en la casa del vino, tomando roncitos con panas del trabajo, dónde estás pa caerte?

-Tu eres una vaina seria… jeje… Estoy en 205, cerca… vienes?

-Claro, espérame ahí.

A esa hora todos eramos perdedores. El chamo de la barra que le tocaría limpiar los baños, Andrés que no consiguió nada esa noche, y al final no conocía a la tipa de faldita, que se iba con su celular oligarca y sus amigas vaporosas, vomitadas y resentidas, Gustavo que ya no se reía tanto, el flaquito de los lentes, que se iba con sus amigos de la banda en su carro a todo volumen a matarse en un semáforo, y yo, que le pedía plata prestada para el taxi a Dani. Uno se siente más solo cuando está en compañía de gente que no sabe lo que uno está pensando. Ellos no sabían que la jevita de la faldita se llamaba Carla, ni que había sido mi novia hasta hace días. Ella seguro me vió, pero tuvo la decencia de no saludarme, hubiera sido de mal gusto. Tomé mi chaqueta, agarré el primer taxi destartalado y pirata que pasó para que me cobrara menos, y me fuí a 205.

-Hola señorita Mariela… tiempo sin verla, dije con una falsa voz de galán, disimulando los rones.

-Epa desaparecido. Andas solo?

-Como la una. – No quise dar lástima, pero la respuesta bien podría haber sido un ” no me estas viendo?” o ” claro”. Uno se traiciona sin querer. Y el ron no ayuda.

No pasaron mas de cinco minutos cuando se despidió de una gente estúpida con la que andaba y de una entramos en el carro. Fuimos a su casa, todo olía rico, mucho estilo, los libros de arte conceptual, los disquitos de jazz, todo en su sitio. Entré directo al baño, mientras orinaba con los ojos cerrados me dí cuenta que no hablamos nada de venida. Excelente. Cuando salí, ella se masturbaba mirándome con cara de ninfómana. Yo moqueaba. No soportaba su olor. Aunque antes me excitaba, ahorita me daba asco. Pasé a la cocina. Tomé una botella de anís que vi al entrar y le dí dos tragos largos. Mé quité la ropa ahí mismo y entré con la botella al cuarto. Seguía masturbándose, me hizo un gesto interrogatorio con la cara y me dijo ” Ven”. Obviamente tiramos. Como siempre. De vez en cuando tomaba un trago y seguía. No tenía muchas ganas. Ella sí, y gritaba y brincaba como una loca. Tan linda. No tenía por qué disimular. Yo era un desastre esa noche. Cuando por fin acabé, me dormí de inmediato.

Me desperté con un ratón asesino y el olorcito insistía en repugnarme. Ella hacía desayuno. No había sido un sueño. Fuí al baño a vomitar.

Revisé mi chaqueta. No me quedaba nada de plata. En mi celular tenía como diez mensajes de Carla. Los borré sin leerlos.

-Puedes estar pendiente de las arepas mientras me voy a bañar? el café ya está listo -dijo sin verme, y entró al baño.

Agarré un sencillo que había en la mesita al lado de la cama sin hacer bulla. Al pasar por el espejo lleno de postalitas japonesas, me ví la cara, y limpié un poco de vómito que tenía pegado en la barba. Esperé a que abriera la regadera. Salí por la puerta principal. Sentí las lágrimas arrastrándose como gargajos pesados e inanimados, sin piernas. Estaba loco. Definitivamente tenía que estar loco.


Corta

Octubre 13, 2008

It was a rainy day. Así empezaba una novela. Un cómic también. Así empiezan muchas historias taciturnas, con mucho blues y cigarro y putas y cuchillos y hombres viejos y cansados, casi nunca empiezan con un jueves soleado, digamos que un asesinato se ve mucho más elegante cuando tiene ese aire de venganza consumada, en vez de aquella injusticia a plena luz del día, ese tufillo a página roja o crónica policial. Y es en verdad cuando es más asesinato entonces, en la mitad de la vida (el día), sin esperar el momento justo, la palabra precisa que justifique una hemorragia interna o un almuerzo en Il boticcello. It was a rainy fucking day, todas las lluvias confluyen en terrenos secos, en otras pieles, sangre lavada por noventa y cinco centímetros cúbicos de lluvia, y el paraguas olvidado es menos paraguas y mas remordimiento, no puedes entenderlo hasta que no tienes el agua hasta el cuello. Y la lluvia del rainy fulano day ese te azota espalda aunque corras, y prendes un cigarrillo para sentirte mejor (más cinematográfico), corres a refugiarte en la casa, ya las articulaciones te hacen resignarte ante la cruz. El cielo cerrado no ofrece resguardo, y sientes como el miedo sudado se escurre entre tus manos, un miedo viejo y cansado, las manos también. Se rompe el orden del daño infringido y el verdugo clama piedad, la víctima se ríe morbosamente mientras bajan las tres mil putas del cielo con sus cuchillos afilados a ponerle sus nombres a tu llanto. La almohada sangra cuando duermes, y vomitas insultos, pones un disco de Miles Davis mientras escampa, y tu cara de fracaso es la factura de tanta risa impune.


Entre 6 y 8

Octubre 13, 2008

Caminaba hace días solo. Como con la sensación de estar siempre al borde de algo. En todos lados veía una parejita caminando por donde solíamos caminar nosotros. Sentados en un café gay con la misma sonrisa de idiota que nunca me daba cuenta que portábamos, y que un carajo como yo que caminaba ahora por ahí veía con sorna. Lo único que quería era un porro para, como dicen los que no fuman, evadir mi realidad, no saben que quizás realmente lo que necesitas es verla desde adentro.

El porro no lo conseguí, ni siquiera tenía ánimos de buscarlo. Uno tiene derecho a querer algo pero como sin quererlo tener. Igual que uno tiene derecho a odiar las cosas de las que no puede desahacerse. Uno por ejemplo se da cuenta que odia al tipo que tiene a la mujer que a uno le gustaría tener, sin querer ser como él jamás en la vida. Uno odia el sushi, las cucarachas, lavar ropa, tirar con condón, las monedas, la musiquita que oyen los chamitos en el metro a todo volumen, pero tiene que vivir rodeado de ellas. Es mentira que pensaba en eso mientras caminaba, lo pensaba antes o despues, había leído Cortázar y había visto a Hanuka, y había sentido el terror de no poder ser como ellos. Tengo 25 años y no he cosechado más que unas cuantas deudas y unos proyectos de dudosa importancia. No tengo ni para un taxi si lo necesitara, y en medio de eso, ella me hizo creer que esas cosas no importaban. Normalmente intento distraerme lo más que puedo cuando algo es importante para mí. Mi familia, mi trabajo, la mujer de turno, en otras cosas más pequeñas ocurre lo mismo, una muela que falta, un vidrio que comprar, una factura de luz vieja y los platos podridos en el fregadero son detonadores de querer dibujar, escribir, masturbarme, salir a beber, buscar algo de cocaína o leer cómics que ya he leído.

Ella nunca supo en realidad quién era yo, yo sólo me limité a hacer lo que hacemos todos los seres humanos, vender una imagen pulida y planchada de nuestros defectos, mostrarle las fotos donde salgo bien, presentarle los amigos que pueden hablar bien de mí, no sonreír del lado de la jeta donde tengo el hueco. Al final se te ven las costuras, llega un punto donde ya no te crees a tí mismo y sabes que algo anda mal. Por lo general es entre las seis de la tarde y las ocho de la noche, mientras caminas por el sitio donde antes hablaban, y tratas de reconstruir otras versiones de tí mismo. Otras veces sientes que alcanzas y traspasas otro borde, llegando a reconocerte en el loco que no le importa caminar por la libertador a la una de la madrugada entre putas y transformistas, con el mismo terror inexistente ante los policías que no te pueden joder mas de lo que ya estás, y antes de cruzar ese borde que te lleva a tu casa, entre platos sucios de hace una semana, una botella de ron casi vacía y los mosquitos, te sientas, le das la espalda al mundo y te ves a tí mismo en un dibujo inevitable o en un poema de mierda y pelos.