Claudine

Octubre 30, 2008

“Mientras mis pies me arrastraban lentamente hacia allí,

me preguntaba, ¿por qué mienten las personas?”

Charles Bukowski. La máquina de follar.

Tenía los ojos verdes, una mujer bella, suelta y fresca, venía bajando por la misma calle de mi casa, yo cargaba las monedas justas para comprar pan, el almuerzo de Luis y mío ése domingo. No había mas nadie en la calle, y cuando me hizo una seña con el brazo, me mató. Era conmigo. Dios es grande. Recuerdo su voz: Hola cómo estás, disculpa el abuso, pero ¿no podrías prestarme trescientos bolívares para un pasaje para Ejido? Las monedas sudaban en mis manos, y la panadería, y Luis, y el hambre. Le dije con toda la sinceridad del amor y la verguenza que no podía darle la plata que tenía, pero que si quería, podía comer con nosotros. Pobre mamaguevo. Momento inescuo y de una lentitud viscosa el de su cara de desilusión y gracias no importa. Y mi estómago dispuesto a vomitar luego esos panes miserables por la cagadota que acaba de poner con esa mujer. Cuando terminé de pensar eso, ya estaba recibiendo el pan, y el vuelto. 300 bolivares, pero ella iba como tres cuadras abajo. Bajé corriendo. No estaba, crucé a la izquierda, mis luces bajas por el calor y la arrechera, sin parar de correr ordené la ruta y empecé a buscar por donde podría pasar el bus que ella necesitaba. Dos cuadras a la derecha, abajo otra vez, y allí estaba, caminando. Le toqué el hombro, ella volteó sin asustarse, yo no podía ni hablar, de vaina recuperaba el aire quemado y le balbuceé lo que pasaba. Le dí la plata, se rió. Claudine, se llamaba, y a pesar de la escena que le acababa de regalar, no pudo sino rechazar el almuerzo de nuevo, debía llegar a Ejido en media hora. Me dió una amplia sonrisa y un abrazo. No me atreví a pedirle su número, en una ciudad tan pequeña no hacían falta esas previsiones, y estaba tan seguro de que nos veríamos por ahí a la semana, y era tan agradable pensarlo, que prefería dejarlo de esa manera. Eso fué hace como tres años, unos meses antes de venirme de Mérida. Y fué la última vez que le hablé. Si no estuviera muerta ahora no escribiría sobre ella y no insistiría en reconstruir ése domingo obstinadamente una y otra vez, buscando que éste cuento terminara diferente.


Carta vieja a I.

Octubre 28, 2008

Épale señorita de desternillante y alocada felicidad zen. Anoche estuve hasta las dos de la mañana haciendo dibujitos con la mano izquierda, algunos son buenos, otros no tanto, (según la escala oportunista de turno). Soy un mejor tipo (risas grabadas) sinceramente desde que me entregué al ambidextrismo o ambidiestrismo, pero decir ambidiestro es como injusto pa la izquierda y hasta creo que no se dice así, ojalá en algun momento termináramos ambisiniestros, o reconocer que no es ambi nada, sino que ya no eres diestro sino diesiniestro o algo que no suene tan feo (según la misma escala estúpida de arriba)

La cosa es (y por la que abro el correo por como lo abro) que no pense que fuera a escribir un mail para ti tan incoherente, alrededor de algo tan imporante para mí en la vida en éste momento como eso, la zurda, de hecho, a buena parte de mi vida le gustaría apoyarse en la zurda.

Ahora, escribir es otro peo, quizá escribir al revés, pero lo que hago es escribir de derecha a izquierda, igual con la clásica derecha, como escribe el diablo, es casi lo mismo, pero supongo que ayuda también… porque con la izquierda es desesperante, como lo de tocar un instrumento musical para alguien vruto en eso como yo.

Por cierto.

Apenas me empezaste a decir lo de los dedos empecé a hacerlo

La cagada de risa de dos líneas después… “te pones a que tus dedos, a los que has enumerado como 1 , 2, 3, 4, 5 en orden de aparición”… bueno, no es que sea la mejor tripa de mi vida,

pero,

no soy ambi-cioso en eso.

Me sabe

Por eso, te hice un dibujito con la mano izquierda, en el interludio de ambos correos (éste y el tuyo, el de la vaina de los dedos), correos ambivalentes ambizarros.

Abrazo siniestro.

L.


Desenfoque gaussiano

Octubre 27, 2008

No extraño el silencio

ni la conversa ajustada

a los acontecimientos.

No me falta la ignorancia.

Hace falta saber

que el verdadero lugar de nacimiento

es donde por primera vez

tenemos una visión clara

de quiénes somos.

Punto de partida

de incontables llegadas.

No me extraña no haberlo visto

estaba muy ocupado, te diré,

atendiendo otros partos.

Pero tranquila.

No he perdido

mi sombra bajo la niebla.

Y no me divierte buscarte en ella.

Todos nos hemos sentido

un poco hijos de puta.

Mi número ya pasó.

El blanco del cuarto

esparce quietud

en contra de tus zapatos.

Y allí

te encuentro.


Escríbeme

Octubre 24, 2008

Otra noche en vela. Velación. Limpieza. Materia y luz. Salsa y control. Latencia. Purgatorio de malas conductas y los párpados pegados acusan al ladrón del sueño. Se reciclan los ritos al mejor impostor mientras uno escribe y evacúa, excretando ideas flojitas. Escribir se vuelve un eufemismo, y tú lo sabes. Las cosas que leíste antes no eran diferente en el fondo a ésto, la interpretación de una interpretación personal. Porque si no terminas (o empiezas) contando cuentos de otras personas como si fueran de uno. Tú lo dejas, corriges, cortas por acá, pegas esto que le debe quedar fino, pero mosca que no se te olvide la próxima vez que lo cuentes, y al final cambias el comienzo y se te olvida el final y estás contando lo mismo. Reconoces en la poceta pedacitos de pimentón que no comiste pero dale que los nutrientes vienen a mansalva por todos lados. La defensa última es un poco de letras (palabras) desordenadas que imprimes en papel higiénico. Bajas el agua. Y no se van.


Contrato

Octubre 23, 2008

Dos cuerpos

pueden no pertenecerle a sus dueños,

si sus dueños son

otras personas.

Eso lo sabíamos

desde que poco a poco

fuimos hipotecando

nuestras condiciones,

apartando la letra pequeña

y viviendo de los tres meses muertos.

.

Ya te dije ya.

Cada vez que me des mi cuerpo

yo te devuelvo el tuyo.


Lock & load

Octubre 23, 2008

Se estroncha el bastón, te caes pero tirándote de jeta. Y te ríes, desde tu nuevo punto de vista aún arden las ronchitas, pero sabes que se caerán, ¿tú que crees? que todo tiene su final y nada dura para siempre? ¿y los dolores de cabeza de mi madre santa?, ¿cuándo se vence la mala leche de la gente que nació pa ser pobre de mente y de bolsillo?. Disculpa bróder, levanta la cabeza y sacúdete las lagañas.

Nojoda chico, ¿no te acuerdas de la sarrapanda de insultos que aprendiste en una noche? La verdad es que un tipo que huye y uno que se queda no se diferencian tanto como creen. El que se queda huye del camino nuevo. De lo posible improbable y del quiebre en la línea que dibuja el caminito entre la cama y el tv en casa de su mamá. Semerendo idiota.

El peo es que terminan haciéndote sentir más coñoemadre de lo que en realidad eres, dijo Rafa. Pero a veces es mejor quedar como un coñoemadre que como un estúpido. Pana, llegar hasta el punto de que la primera palabra malagradecida es un buenos días… el resto es como un marlboro sin filtro a las 7 de la mañana. No lo fuerces que se rompe. Promete algo que no vas a cumplir. Y no lo cumplas. Una semana sin bañarte es suficiente para que seas más tú. Y después el olorcito en la mano, la palabra subastada al mejor impostor, no me mires a los ojos que te quemo. Pero confía. No queda otra.


Ambidextro

Octubre 23, 2008

Al segundo mojito se paró, un tipo que sabe lo que quiere, al frente de todos, cool, relajado, dueño del local, rodeado de gente que no sabe nada de él. Rosa cambiaba los canales con un ritmo sincopado a cada paso de él.

La música estaba allí, reiterada y constante. justificaba el grupo de amigos del momento. Rosa ni de vaina cabía, y lo sabía, Ahora ella era un documental de Chillida o un reportaje de los desaparecidos del cono sur por señal abierta, televisor sin control remoto.

Mientras él come en su cama, no le interesa el documental y lo que quería era bailar. Ella comía algún plato exótico con curry mango tempurizado. Y luego bailaba, sin dar mucho pero haciendo que el más torpe sacara su guaguancó para llevarle el ritmo (mientras pueda) a esas caderas que terminaban al cabo de unas piernas en unos piecitos impecables.

Mientras tanto, él cambiaba canales sin demasiado interés.


Sexta.

Octubre 21, 2008

La demencia era un sofá cómodo

para estar.

No te importaban mis platos sucios

ni la capa de tiempo acumulado

sobre nosotros.

Tampoco me importaba tu cinismo

vestido de alguien que te esperaba

más tarde.

Transaríamos con la bajeza

y lo haríamos con altura.

.

Mi deseos seminales

presentían un temblor lento.

Y.

Una represa tibia cedió bajo tu falda

cuando al fin pude

descubrir esas nalgas honestas.

.

Y entonces tiramos.

Tiramos con hambre y sin asco.

Trancao.

Desenfreno.

Uñas.

Pelo.

Pies.

Piernas.

Espalda.

Saliva.

Era todo lo que necesitábamos.

.

Así fue ese viernes.

Porque así fueron muchos viernes

y lunes

y sábados.

Cuando nos cogíamos como nunca

que es lo mismo

que decir

como siempre.

.

Éramos sudor.

Lubricabas litros de placer

y disolvíamos el miedo

de todas las maneras posibles.

.

En algún momento pensé,

ésta,

puede ser la última vez.

Y me consumí entero

en tu sexo.

Sin guardar nada para después.

.

Y entonces, malparida,

me dijiste,

.

¿Vas pendiente de la séptima?


Frontera (tobibani ya neranu)

Octubre 20, 2008

Octubre está cerca,

y no tengo nada que ponerme.

Cuando vengas,

que la lluvia de invierno te oculte un poco.


Adiós mapache adiós

Octubre 20, 2008

Llegó apenas hace tres días. Roberto, del grupito de la gente de humanidades, y reducirlo a humanidades sería tan mezquino. En humanidades estaban Lucía, Manuel, Lucho, Ramón, Oscar, Roberto por supuesto y los advenedizos del momento. Eso era letras, medios, diseño, biología, era una cuestión de espacio, y decir de humanidades dependía de la finita mayoría del momento. Roberto sólo nos avisó a Lucho y a mí. La idea era viajar a Mérida después de unos días en Caracas con ambiente hogar, vernos acá luego de un fin con su familia, que se quedara en mi casa un par de noches, y armar el destroyer acostumbrado en casa del Ramón el otro fin. Bueno, realmente no el desastre acostumbrado, los años no pasaron en vano ni para Moncho, que vive con su princesa, como la llama desde que los conozco, y su par de retoños, que, como todos los hijos de esa generación, nacieron con el estigma de “saber como es todo”.

Hace cuatro años ya que partí de Mérida, dejando atrás muchas lunas tempranas a las cuatro de la tarde y madrugadas de 24 horas y media, y Roberto y yo siempre llevábamos la cuenta que era lo peor. En Costa Rica está la cosa bróder, créeme, decía, y la luz que brotaba de sus ojos me daba cierta tranquilidad. Cierta belleza filantrópica que nunca tuve y que él me escupía en la cara como sabiendome escéptico, me terminaba avergonzando de mis angostos planes reducidos a terminar mi carrera y buscar “mejores oportunidades de trabajo”, en lo que ” siempre he querido hacer”. Algo que nunca he sabido bien, y que no supera el match point de los 8 meses a lo sumo. – De pana, mira: en Costa Rica no hay ejército!, yo quiero vivir en un país que no tiene ejército, me entiendes? Es la última esperanza de la humanidad, cero guerras, pura playita y turistas, quién coño se va a ir a meter con un país que no tiene ejército?. Yo sonreía y sin averiguar mucho, con eso me bastaba para imaginarme un paraíso caribeño sin muchachos armados de fusiles rondando ese poco de resorts y tipas en bikini, todas buenísimas. Porque esos son los sueños que valen la pena. Y claro, yo sabía que también era Vanessa. Recuerdo la primera vez que habló de Vanessa, apenas llevaba un día conociéndola por internet y conmigo creo que fué el primero con quien habló de ella. Vanessa está chévere. Claro, lo único que he visto de ella, incluso después de los casi dos años de matrimonio con el Rob, fueron las primeras fotos que ella le enviaba a él, fotos controladas, gran angular en picado, una sonrisa infalible y su preparado look de me están tomando un foto. De bolas que está rica. Pero antes de que se fuera, nunca ví a Rob con ella, tan merenguera, tan vestidito de algodón beige o flores y grandes collares, tan pelo larguísimo y encrespado, tan estudiante de hotelería en ese horrible y mayamero resort rosado de palmeras de plástico y toallas blancas, O peor, nunca me la imaginé con un tipo como Roberto. Dj, productor, chef, artista conceptual o niño grande que nunca temió burlarse de los grandes con sus escatológicas instalaciones carentes de asco por nada.

Los viejos de Robert son profesores de la universidad, jubilados, y obvio que todo el día en la casa rumiando, y con el hijo mayor todavía instalado, no les hacía muy felices. Además demasiadas pastillas raras, que al final terminaba consiguiendo con los récipes de su mamá, supongo que tenían razón en joderlo tanto. Es que de pana se pasa. Dígame el día que le dió por pensar que se le había perdido unas metras en la casa. Unas metras. Mínimo tendría 20 años sin jugar, porque yo fuí el último que le quitó, y me consta, sus 50 metras en buena lid. Roberto gateando enpastillao en la casa, la mamá y la hermana con aquella gritería formándole peo y amenazándolo con internarlo, y el bicho cagado de la risa como se cagan de la risa los niños que no les importa regar su mierda por las paredes con las manos crudas… Y siguió gateando por toda la casa, hasta que se quedó dormido debajo de la mesa del comedor y me tuvieron que llamar, porque si no empezaba a partir los elefantes del recibo si se despertaba asustado con esa gritería fresca… Lo recuerdo desnudo, con un paño semiamarrado de sus caderas, arropado de sudor y la cara hacia adentro de él. Cuando me vió empezó a llorar, pero entonces era ese llanto entrecortado de emoción infantil al ver cerca a su mamá que lo viene a buscar ese horrible primer día de escuela. Roberto era un buen tipo. Pero se cansó. Yo también. Y me vine. Y listo, página en blanco y a ver que es lo que es. No me despedí casi de nadie, sólo de Roberto, y el último día que lo ví se había hecho una cresta con jabón azul y pintado de dorado. Que cagada era verlo así. Pero igual, me iba. Cúidese. O su papá y mamá mejor.

Dos años pasan rápido. El bicho en Costa Rica. Instalado. Así es nojoda. Voló alto. Una de limpieza que llaman, cambio de aire. Lo que todos necesitamos para sacudir la comodidad pesada y larga. Y que está trabajando y todo, ya casi no hace música porque parió y está clean, parece que en algún momento un internado en una casa hogar, reclusorio, sanatorio, como le llamen allá, fué parte del guión, y dejó todo pero que ya no era el mismo. Fino. Yo necesitaba ordenar un poco acá adentro antes de vernos. Lo mejor es el presentimiento de conversaciones crudamente reveladoras. Esos eran nuestros buenos reencuentros, y hablar de verdad como cuando sientes que hablan por tí o al revés o al cuadrado, la empatía por kilos. Quizá por eso me dió como una arrecherita trancada cuando le tuve que decir Coño Robert estoy full hoy, saldré burda de tarde, será pa mañana. Y presentí leve desánimo en su Ok hablamos mañana. Al final se fué con Javi, Reinaldo y Sebas. Estos panas son demasiado tranquilos. Viven alquilados todos en una quinta en Los Samanes, y Sebastián era el encargado. La dueña vivía ahí pero encerrada en su cuarto cayéndose a whisky. Divorciada creo que me dijo. Madre jardín y cuartos grandes, y con la tipa borrada en el cuarto todo el día, no habría problemas. Sebas le administraba la bebida que escondía a petición de la señora, en la maleta de su carro. Y ninguno de los tres había tocado droga en su vida. Fino. Yo por mi parte dormí sabroso en mi casa.

No eran todavía las 10 de la mañana cuando llamé a Sebas para cuadrar de una vez el itinerario para el día. Estaba poniendo apenas algo de música mientras ahuyentaba la lluvia mañanera con un negrito hirviendo. Amaneció frío… lo fuimos a despertar, y estaba tieso. Cosas que uno no espera oír a esa hora llegando al trabajo. Se murió de sobredosis. Situaciones que no son procesadas al momento, uno con el buenos días en la boca y te salen con sobredosis. Dejarlo pasar como algo que realmente nunca pasó no funciona. Se peleó con el viejo, y que fué feo, el tiempo realmente no había pasado por él, y despierto y asumido el monstruo, se fué de la casa, despojado de convenciones a caerse a las mismas pastillas que le volvía a robar a su mamá, de la misma gaveta. Se resiente la neurona de que si hubiera pasado algo distinto si se hubiera quedado en mi casa. Una película, un invento, le das vueltas como un rubik mental ¿quizá se hubiese muerto en mi casa?, descolocado por un tropezón del orden natural de los acontecimientos, uno se ríe y se abre paso de nuevo, y quisiera haber estado ahí y explicarle todo esto a Roberto, un precio por el dudoso privilegio de poder sentirlo aún llorando como un niño buscando sus metras. Y no puedes cotejarlo con lo que pasó, y te emputa saberlo, porque aunque la película tiene más probabilidades de ser correcta y exacta, los hechos reales son infinitamente más maleables.